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Cursillo

Vida Monástica y Oración

Cursillo Cister

Se trata de dar a conocer la vida monástica y la oración a toda persona que esté interesada. Durante los tres días del cursillo los participantes pueden convivir con los monjes participando de su oración y de su trabajo.

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Fraternidad

Los Laicos Cistercienses

Fraternidad Cister

Somos un grupo de cristianos, hombres y mujeres laicos, de diversas edades y condición, que aspiramos a vivir en la sociedad de acuerdo con el mensaje evangélico, basándonos en la espiritualidad y carisma cisterciense.

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Vocación

Monastica Cisterciense

Vocacion Cister2

La vocación es Dios pidiendo permiso para caminar con nosotros y para que en nuestra vida hagamos su voluntad. En la medida en que uno se decide a dejarle sitio se va fortaleciendo la relación de amistad con Dios.

Y en esa amistad es donde se escucha la llamada. Y Dios se mete, no para, te busca, insiste... hasta que uno se decide por el sí o por el no.

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Descubrir el propio proyecto desde la fe, supone querer imitar a Jesús, vivir la experiencia de la amistad y de la compenetración con Jesús como amigo íntimo y salvador. Siempre cuenta con nosotros y no nos deja tranquilos, aunque respeta nuestra libertad

Monasterio Cisterciense Santa María de Huerta

Tenemos un funeral por el eterno descanso de Luz Mª, que falleció el pasado día 11.

2019.08.17

La comunidad tiene su excursión anual, que aprovecha para visitar Huesca y el precioso castillo de Loarre, edificado sobre roca.

2019.08.12

Caridad como unidad

Como bien sabemos, este año celebramos el IX Centenario de la Carta de Caridad, documento fundacional de nuestra Orden que resalta la caridad como el elemento aglutinador que mantiene unida a cada comunidad y a todas entre sí.

La caridad no es simplemente algo que yo doy o tengo con el prójimo, fruto de mi benevolencia. La caridad es la argamasa que me une al otro y que brota de mí al considerar a mi semejante como parte de mí mismo a pesar de nuestras diferencias. Lo que hace grande y sólido al edificio es su cohesión. Los sillares sueltos y revueltos no son más que un montón de piedras por muy bien pulidas que estén. Su colocación ordenada y unida por la argamasa es lo que hace de ese montón de piedras algo nuevo, grandioso y útil. Del mismo modo, la caridad que une nuestras comunidades es lo que da solidez a nuestro edificio monástico. No una solidez por su tamaño, sino por su consistencia, significatividad y utilidad. Un edificio grande, pero mal ensamblado, resulta peligroso porque amenaza ruina. En cambio, un edificio sólido, aunque sea pequeño, es muy útil.

En la introducción a la Suma CC, el conocido como Exordio de Císter, se expresa la razón de ser de este documento: “Así, en el mismo momento en que el árbol comenzaba a echar nuevas ramas, el venerable Padre Esteban redactó un escrito maravilloso, lleno de discernimiento, que cortara los brotes de discordia, que, si nacían un día, podían ahogar los frutos nacientes de la paz común. Y quiso que este escrito se llamara con toda razón Carta de Caridad, pues todo en él trata de la caridad y parece no buscar ninguna otra cosa fuera de ella, y así dice: A nadie debáis más que amor”.

¿Cómo vivir hoy las relaciones a las que nos invita la Carta de Caridad? Así como la argamasa une piedras rugosas empastándolas, así trabajar por vivir la unidad en la comunidad supone limar las asperezas de nuestras diferencias con el perdón y la caridad, buscando tener un solo corazón. Un miembro del cuerpo, por muy dotado que esté, no es nada apartado del cuerpo. Tomar conciencia de ello nos hace más humildes, sabiendo que nuestras cualidades personales son para la comunidad, y siendo más pacientes con las debilidades ajenas, que sabemos también nos pertenecen al ser parte de un mismo cuerpo.

Tomar conciencia de que somos un solo cuerpo en Cristo es la base de nuestra unión, más allá de las cosas que hagamos en común. ¿Creemos que esto es posible? El paso de los años quizá nos haga más escépticos, pero necesitamos mantener vivo en nosotros el ardor y el amor primero, esperanzado, decidido, confiado. Nuestra unión personal con Cristo es lo que mantendrá nuestra esperanza, pues para él es posible lo que para nosotros es imposible. No se nos pide confiar en nuestras fuerzas, sino en el poder de Dios en nosotros. A nosotros basta con tratar de mantener a Cristo en medio de la comunidad sin expulsarlo por la dureza de corazón, sino cultivando su presencia. Por muchos dones que tengamos, por muy auténticos que creamos ser, apartados del cuerpo de Cristo, que es la comunidad, no somos nada.

La comunión no es un mero proyecto humano, sino el proyecto de Dios en nosotros, obra suya en nosotros, ocupando él el centro y siendo su amor la argamasa que nos une. ¿Cómo llevar a cabo esa comunión? A veces necesitamos una ayuda externa para tomar conciencia de que por nosotros mismos no somos más que piedras amontonadas. Hoy esa ayuda se llama pobreza, experiencia de nuestra pobreza. La predilección de Dios siempre se ha mostrado de forma especial en medio de la pobreza, como se mostró en la pobreza que acompañó a los fundadores de Císter en los primeros años, a punto de morir apenas recién nacidos, cuando todo se les volvía en contra. Supieron mantenerse firmes en el camino iniciado. Esa pobreza del corazón resultó ser el abono más enriquecido para la pequeña semilla plantada.

La riqueza nos da seguridad y nos induce a la soberbia, pensando que lo que tenemos es nuestro porque nos lo hemos ganado. La riqueza nos aísla de los demás, por la autosuficiencia que genera en nosotros y por la envidia que genera en los otros. Pero la pobreza es un don de Dios que nos abre a la humildad, verdadera maestra y creadora de comunión. Quien se sabe pobre, se sabe dependiente y se abre a la comunión. Quizá eso le permita profundizar en otra comunión que no brota del interés sino del amor gratuito. Es entonces cuando actuamos de dentro hacia fuera y no de fuera hacia dentro. Es decir, cuando dejamos que la sobreabundancia del corazón se derrame en los demás sin vivir solo de la generosidad ajena. Es cuando deseamos compartir el don recibido sin preocuparnos de nuestra propia necesidad.

La caridad no es un sentimiento, sino una relación, relación de amor que une. Nuestra Orden es eminentemente cenobítica. Se formó con unos lazos fraternos muy fuertes. Su misma fundación fue un acto comunitario, de un grupo de hermanos unidos por un mismo carisma que se habían embarcado en una misma aventura. Desde el inicio de Císter está muy presente la realidad comunitaria. No se menoscaba ni un ápice la autoridad del abad ni se cuestiona su liderazgo carismático, pero se insiste una y otra vez en la dimensión comunitaria de las decisiones importantes. Un equilibrio no fácil de mantener, pero muy enriquecedor. Se trata de corresponsabilizar a todos los hermanos en la marcha de la comunidad.

La caridad fraterna es lo que cohesiona nuestra comunidad monástica y también nuestras fraternidades.

La comunidad tiene su retiro mensual.

Tenemos visita de obra en las actuaciones que se están realizando de la 2ª fase de las obras de restauración tras la riada.

Nuestra comunidad está formada por monjes cistercienses de la rama que en 1892 constituyeron la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia (OCSO). Somos seguidores de la espiritualidad que San Benito dejó plasmada en su Regla escrita en el siglo VI y asumida por los primeros cistercienses desde la fundación de Císter en 1098.

La historia de nuestra comunidad es dilatada, pues sus orígenes remontan hacia 1150. El arte acumulado a lo largo de tantos siglos expresa, principalmente en la arquitectura, la vida del Espíritu que ha conformado nuestra existencia. Oración y trabajo, soledad interior y vida comunitaria, silencio que escucha y palabra que comparte y acoge, separación y solidaridad con el mundo, en especial con los pobres, serán las características que definan este modo de vida peculiar que no quiere separar lo humano de lo divino.

En la actualidad la comunidad de Sta. Mª de Huerta está formada por una veintena de monjes y tiene una fundación en el monasterio de Ntra. Sra. de MONTE SIÓN, a las afueras de Toledo. Esa vida que desea transmitir, también ha dado nuevos frutos en la Fraternidad de Laicos Cistercienses que se ha ido creando alrededor del monasterio y que viviendo en su condición secular quieren participar de su carisma.

La communauté de Santa María de Huerta est constituée de moines cisterciens de la branche qui créèrent en 1892, la OCSO (Ordre Cistercienne de la Stricte Observance). Ils se conforment a la Régle établie par Saint Benoît au sixième siècle et adoptée par le premiers cisterciens depuis la fondation de cet ordre.

L’histoire de cette communauté est ancienne puisque elle remonte a 1150. L’art accumule au fil de tant de siècles s'exprime principalement dans l architecture et la vie spirituelle qui sont en sont l'essence. La prière et le travail, la solitude et la vie en communauté, le silence et la parole, qui permettent l'écoute, le partage et l'accueil. L’isolement et la solidarité envers les autres, surtout les pauvres, sont les caractéristiques qui définissent ce mode de vie spécifique qui a pour fin de ne pas séparer l'humain du divin.

Actuellement, la communauté de Santa Maria de Huerta est composée d'une vingtaine de moines. Celle ci est en train de créer une nouvelle fondation, dans le Monastère de Notre Dame du Mont Sion, aux alentours de Tolède. Cet état d'esprit que souhaitent transmettre les moines, s’est étendu à des communautés laïques, crées autour des monastères,qui tout en menant une vie séculière, intègrent l'état d'esprit cistercien.

The monastery of Our Lady of Huerta is a community of Cistercian monks of the Strict Observance OCSO who follow the Rule of Saint Benedict, written in the 6th century. The Cistercian Order was founded in 1098.

Our Lady of Huerta has a long history, with its origin going back to 1150. Its art and architecture, accumulated down through the centuries, expresses the life of the Spirit that has shaped its existence. Prayer and work, inner solitude and community life, a silence that listens and a word of welcome, separation and solidarity with the world, especially the poor, are the characteristics of the community’s way of life, which seeks not to separate the human from the divine.

At present, the community of Our Lady of Huerta number approximately twenty monks. It has erected a new foundation, Our Lady of Mount Sion, on the outskirts of Toledo. This community’s life has also born fruit in a lay community that has grown up around the monastery and which, while living in ‘the world’, hopes to share in the Cistercian charisma.

«No anteponer nada al amor de Cristo»

Regla de San Benito LXXII,11.

«Si cuando queremos sugerir algo a hombres poderosos, no osamos hacerlo sino con humildad y reverencia, con cuánta mayor razón se ha de suplicar al Señor Dios de todas las cosas con toda humildad y pura devoción».

Regla de San Benito XX, 1-2

«No abandones en seguida, sobrecogido de temor, el camino de la salvación, que forzosamente ha de iniciarse con un comienzo estrecho. Mas, al progresar en la vida monástica y en la fe, ensanchado el corazón por la dulzura de un amor inefable, vuela el alma por el camino de los mandamientos de Dios»

Regla de San Benito, Prólogo, 48-49.

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monasterios con hospederia