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Cursillo

Vida Monástica y Oración

Cursillo Cister

Se trata de dar a conocer la vida monástica y la oración a toda persona que esté interesada. Durante los tres días del cursillo los participantes pueden convivir con los monjes participando de su oración y de su trabajo.

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Fraternidad

Los Laicos Cistercienses

Fraternidad Cister

Somos un grupo de cristianos, hombres y mujeres laicos, de diversas edades y condición, que aspiramos a vivir en la sociedad de acuerdo con el mensaje evangélico, basándonos en la espiritualidad y carisma cisterciense.

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Vocación

Monastica Cisterciense

Vocacion Cister2

La vocación es Dios pidiendo permiso para caminar con nosotros y para que en nuestra vida hagamos su voluntad. En la medida en que uno se decide a dejarle sitio se va fortaleciendo la relación de amistad con Dios.

Y en esa amistad es donde se escucha la llamada. Y Dios se mete, no para, te busca, insiste... hasta que uno se decide por el sí o por el no.

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Descubrir el propio proyecto desde la fe, supone querer imitar a Jesús, vivir la experiencia de la amistad y de la compenetración con Jesús como amigo íntimo y salvador. Siempre cuenta con nosotros y no nos deja tranquilos, aunque respeta nuestra libertad

Monasterio Cisterciense Santa María de Huerta

El P. Abad marcha al monasterio de Vico a hacer la visita regular con la M. Pilar Germán.

FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN

2016.03.27

Como de costumbre, hacemos el via crucis del viernes santo en compañía de los matrimonios que vienen estos días.

20190419a

El P. Abad participa en la misa crismal con el obispo de Osma-Soria y su presbiterio.

20190417

No nos deshumanicemos

Hoy escuchamos que cada vez se abre mayor camino la “inteligencia artificial”. ¿Qué pensar? ¿Qué decir? Como en casi todo, hay defensores y detractores. Estoy seguro que nadie añora hoy día aprender a hacer fuego con el roce de dos piedras o dos palos. El mechero es más cómodo. Como lo son los vehículos frente al burro o los ordenadores que nos dan tantas posibilidades. El problema no está ahí, sino en dar a la ciencia el poder supremo capaz de matar a su mismo creador: el ser humano. Sería una locura prescindir de los avances tecnológicos que nos permiten llegar tan lejos en la mejora de la vida humana. Pero también es una locura olvidarse de la prioridad del ser humano y dejar en manos de una técnica sin valores humanistas la toma de decisiones. De ahí la importancia de la ética que debe resistir los envites de un desarrollo que trata de imponerse como dios supremo. Olvidarse de la ética es olvidarse del valor del ser humano para situarlo al nivel de un objeto más, por muy valioso que se le considere.

Algo parecido sucede con el capitalismo salvaje o la prioridad que se da a la rentabilidad sobre la persona humana, pueden ser tan eficaces como inhumanos. El Concilio Vaticano II habla de la actividad humana con una capacidad de deformarse y otra capacidad de perfeccionarse: “La sagrada Escritura, con la que está de acuerdo la experiencia de los siglos, enseña a la familia humana que el progreso, que es un gran bien para el hombre, también encierra un grave peligro, pues una vez turbada la jerarquía de valores y mezclado el bien con el mal, no le queda al hombre o al grupo más que el interés propio, excluido el de los demás. De esta forma, el mundo deja de ser el espacio de una auténtica fraternidad, mientras el creciente poder del hombre, por otro lado, amenaza con destruir al mismo género humano” (GS 37).

Así como sucede cuando dejamos que prime en nuestras vidas la ley del mercado sin regularlo, así podrá suceder cuando dejemos que la inteligencia artificial tome las decisiones últimas, pensando que le hemos proporcionado una información más plena para que tome las decisiones más acertadas. Entonces nuestro grado de deshumanización podrá alcanzar cotas muy peligrosas. Lo vemos ya en nuestras propias actitudes cuando nos permitimos quitar de en medio la vida humana –incipiente, adulta o conclusiva- cuando nos da problema, o la denigramos en aras de la eficacia o la rentabilidad. Incluso en nuestro día a día podemos observar si descartamos con facilidad al que me produce fastidio, priorizando mi bienestar personal a la dignidad del otro.

Es proverbial nuestra capacidad de autoengaño para justificar lo injustificable en nuestro propio provecho. A la cultura del bienestar no le importa deshumanizarse abusando de la mano de obra de los países pobres para obtener nosotros unos bienes de consumo mucho más baratos. Para tranquilizar nuestras conciencias decimos que en aquellos países los salarios son mucho más bajos porque el nivel de vida es inferior y así les ayudamos. Verdad a medias, pues dicho trabajo debería ir acompañado –si en verdad se les quiere ayudar- de una inversión para el desarrollo y mejora sanitaria y educativa de esos operarios, que viven en Estados que no se lo proporcionan. Sucede lo mismo con el colonialismo tecnológico que mantiene en situación de esclavitud tecnológica a países menos desarrollados patentándolo todo para que no lo puedan usar libremente y excusándose en que esas empresas necesitan incrementar sus beneficios para mejorar una investigación que seguirá aumentando la esclavitud al no tener tampoco acceso libre a ella.

¿Y qué decir de nuestras barreras ante la inmigración o los refugiados? Defendemos nuestro rechazo para que no haya una “invasión” que deteriore la convivencia interna y haga brotar posturas más intransigentes. Al mismo tiempo decimos que la verdadera solución hay que buscarla en los países de origen a los que hay que ayudar, pero a los que no ayudamos porque decimos que todas las ayudas se las quedan sus gobernantes. Unos gobernantes que han sido corrompidos precisamente por nuestras multinacionales a las que se permite corromper para fortalecer el desarrollo tecnológico y comercial de los países ricos. Al mismo tiempo se fomenta la inestabilidad de los países pobres poseedores de valiosas materias primas vendiéndoles armas para que se enfrenten entre ellos, pues, decimos, si no se las vendemos nosotros ya se las venderán otros. Tanta hipocresía e inacción no puede quedar sin consecuencias.

Son tantos y tantos ejemplos que se pueden citar que fácilmente vemos en ellos un peligro muy cercano de deshumanización progresiva. La defensa de la vida como don supremo es la defensa de la vida en todos sus aspectos ante el dios de la eficacia y la rentabilidad. Esa vida no es solo la vida humana, sino también la vida de nuestro planeta, la casa común de todos. Ya no se puede hablar de modas, sino de urgentísima necesidad, bien lo sabemos. Debemos exigir líneas de actuación a nivel de Estados, pero hemos de aceptar también asumir las consecuencias de una menor rentabilidad inmediata y confort, comenzando por las cosas que están a nuestro alcance para defender todo tipo de vida humana y a la naturaleza.

Necesitamos recuperar la dignidad humana. No somos simples animales que luchamos por sobrevivir, aunque lo necesitemos hacer, somos mucho más. La dignidad humana es la capacidad de amor, de espiritualidad, de creatividad, de gratuidad, de poesía o de ética. El miedo al futuro nos paraliza y nos termina deshumanizando, buscando ante todo la seguridad y el deseo de un crecimiento económico sin fin. No podemos olvidar que en la vida se crece hasta un momento en el que se para de crecer y se madura. Las células que no paran de crecer terminan siendo cancerígenas y destruyen al organismo. El crecimiento supone un hacer en el tiempo que no tiene fin. La maduración, sin embargo, se fija en el ser y se asemeja más al presente de Dios que todo lo abarca. El crecimiento se centra en el propio beneficio, mientras que la maduración se centra en la entrega de sí mismo. Lo primero busca llenar nuestro vacío, mientras que lo segundo es desbordamiento de nuestra plenitud.

Nuestra comunidad está formada por monjes cistercienses de la rama que en 1892 constituyeron la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia (OCSO). Somos seguidores de la espiritualidad que San Benito dejó plasmada en su Regla escrita en el siglo VI y asumida por los primeros cistercienses desde la fundación de Císter en 1098.

La historia de nuestra comunidad es dilatada, pues sus orígenes remontan hacia 1150. El arte acumulado a lo largo de tantos siglos expresa, principalmente en la arquitectura, la vida del Espíritu que ha conformado nuestra existencia. Oración y trabajo, soledad interior y vida comunitaria, silencio que escucha y palabra que comparte y acoge, separación y solidaridad con el mundo, en especial con los pobres, serán las características que definan este modo de vida peculiar que no quiere separar lo humano de lo divino.

En la actualidad la comunidad de Sta. Mª de Huerta está formada por una veintena de monjes y tiene una fundación en el monasterio de Ntra. Sra. de MONTE SIÓN, a las afueras de Toledo. Esa vida que desea transmitir, también ha dado nuevos frutos en la Fraternidad de Laicos Cistercienses que se ha ido creando alrededor del monasterio y que viviendo en su condición secular quieren participar de su carisma.

La communauté de Santa María de Huerta est constituée de moines cisterciens de la branche qui créèrent en 1892, la OCSO (Ordre Cistercienne de la Stricte Observance). Ils se conforment a la Régle établie par Saint Benoît au sixième siècle et adoptée par le premiers cisterciens depuis la fondation de cet ordre.

L’histoire de cette communauté est ancienne puisque elle remonte a 1150. L’art accumule au fil de tant de siècles s'exprime principalement dans l architecture et la vie spirituelle qui sont en sont l'essence. La prière et le travail, la solitude et la vie en communauté, le silence et la parole, qui permettent l'écoute, le partage et l'accueil. L’isolement et la solidarité envers les autres, surtout les pauvres, sont les caractéristiques qui définissent ce mode de vie spécifique qui a pour fin de ne pas séparer l'humain du divin.

Actuellement, la communauté de Santa Maria de Huerta est composée d'une vingtaine de moines. Celle ci est en train de créer une nouvelle fondation, dans le Monastère de Notre Dame du Mont Sion, aux alentours de Tolède. Cet état d'esprit que souhaitent transmettre les moines, s’est étendu à des communautés laïques, crées autour des monastères,qui tout en menant une vie séculière, intègrent l'état d'esprit cistercien.

The monastery of Our Lady of Huerta is a community of Cistercian monks of the Strict Observance OCSO who follow the Rule of Saint Benedict, written in the 6th century. The Cistercian Order was founded in 1098.

Our Lady of Huerta has a long history, with its origin going back to 1150. Its art and architecture, accumulated down through the centuries, expresses the life of the Spirit that has shaped its existence. Prayer and work, inner solitude and community life, a silence that listens and a word of welcome, separation and solidarity with the world, especially the poor, are the characteristics of the community’s way of life, which seeks not to separate the human from the divine.

At present, the community of Our Lady of Huerta number approximately twenty monks. It has erected a new foundation, Our Lady of Mount Sion, on the outskirts of Toledo. This community’s life has also born fruit in a lay community that has grown up around the monastery and which, while living in ‘the world’, hopes to share in the Cistercian charisma.

«No anteponer nada al amor de Cristo»

Regla de San Benito LXXII,11.

«Si cuando queremos sugerir algo a hombres poderosos, no osamos hacerlo sino con humildad y reverencia, con cuánta mayor razón se ha de suplicar al Señor Dios de todas las cosas con toda humildad y pura devoción».

Regla de San Benito XX, 1-2

«No abandones en seguida, sobrecogido de temor, el camino de la salvación, que forzosamente ha de iniciarse con un comienzo estrecho. Mas, al progresar en la vida monástica y en la fe, ensanchado el corazón por la dulzura de un amor inefable, vuela el alma por el camino de los mandamientos de Dios»

Regla de San Benito, Prólogo, 48-49.

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monasterios con hospederia