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Cursillo

Vida Monástica y Oración

Cursillo Cister

Se trata de dar a conocer la vida monástica y la oración a toda persona que esté interesada. Durante los tres días del cursillo los participantes pueden convivir con los monjes participando de su oración y de su trabajo.

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Comunidad

7 días en el monasterio

2 Monjes Arrodillados

¿Te interesa tener una experiencia de silencio y espiritualidad, de vida sencilla en armonía con uno mismo y con lo que nos rodea? La espiritualidad solo es real cuando se vive y nos transforma. Te ofrecemos esa posibilidad sin más pretensiones, con el deseo de compartir lo que hemos recibido. Una experiencia vivida desde dentro, con los monjes y como los monjes.

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Fraternidad

Los Laicos Cistercienses

Fraternidad Cister

Somos un grupo de cristianos, hombres y mujeres laicos, de diversas edades y condición, que aspiramos a vivir en la sociedad de acuerdo con el mensaje evangélico, basándonos en la espiritualidad y carisma cisterciense.

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Vocación

Monastica Cisterciense

Vocacion Cister2a

La vocación es Dios pidiendo permiso para caminar con nosotros y para que en nuestra vida hagamos su voluntad. En la medida en que uno se decide a dejarle sitio se va fortaleciendo la relación de amistad con Dios.

Y en esa amistad es donde se escucha la llamada. Y Dios se mete, no para, te busca, insiste... hasta que uno se decide por el sí o por el no.

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Descubrir el propio proyecto desde la fe, supone querer imitar a Jesús, vivir la experiencia de la amistad y de la compenetración con Jesús como amigo íntimo y salvador. Siempre cuenta con nosotros y no nos deja tranquilos, aunque respeta nuestra libertad


 

Monasterio Cisterciense Santa María de Huerta

Durante varios días filman en el monasterio la película "Nacer de nuevo", dirigida por Ricardo del Pozo. Siloé Films.

La comunidad tiene su retiro mensual.

La sabiduría del fregadero

Un fregadero es un recipiente con un tapón y un grifo que utilizamos para llenarlo de agua con la que poder limpiar objetos. Cuando abrimos el grifo para llenar el fregadero de agua limpia, nos fijamos en que el tapón esté bien puesto para que no se vaya. Pero cuando el agua está sucia, quitamos el tapón para que se marche, pues el agua sucia no nos sirve para nada.

Nosotros somos como un fregadero en el que recibimos todo lo que nos echan. La sabiduría que hemos de tener está en saber dejar el tapón o quitarlo cuando convenga. El agua limpia es como la inteligencia o el amor. Aprender algo dejando el tapón quitado es como intentar llenar un saco que está roto por debajo. Cuando así actuamos nunca aprendemos. Recuerdo a un monje anciano que era tan corto de inteligencia como grande en bondad, podía leer el mismo libro diez veces seguidas que siempre le parecía nuevo porque no retenía nada. Cuando aprendemos, es importante retener los conocimientos y la experiencia, dejando bien puesto el tapón, incluso hasta que rebase el agua y se desborde, pues entonces seremos como la concha de San Bernardo que, siempre llena para sí, rebosa para los demás. Lo mismo podemos decir del amor o la bondad.

Otra cosa bien distinta es cuando se trata de agua sucia. Esto también nos sucede con frecuencia y lo expresamos diciendo: “esta es la gota que ha desbordado mi vaso que ya lo tenía lleno, por eso he estallado”, refiriéndonos así a la sensación de tener que aguantar y aguantar hasta que ya no podemos más. Sin duda que todos tenemos un límite, pero también nos podemos preguntar por qué hemos dejado que el fregadero se llene cuando sabemos que tiene un tapón que podemos quitar a tiempo. No dejemos que se nos llene el fregadero de agua sucia, quitemos el tapón a tiempo. ¿Cómo quitar el tapón?

Hay varias formas de quitar el tapón e impedir el desbordamiento. Si de lo que llenamos nuestro fregadero es de la maledicencia de la lengua, aprendamos antes a cerrar el grifo y no dejar que la crítica y la murmuración nos invada, cerrando el oído a los que la ofrecen como un agua cristalina que termina corrompiéndonos. Quien se deja arrastrar por ello, no solo verá cómo se desborda a sí mismo, sino que lo hará con los demás. Evaluemos cuál es nuestra responsabilidad en esa agua sucia que hemos dejado entrar en nosotros y que, sin duda, terminará rebasándonos, pues la mente y el resentimiento suelen aumentar todo lo malo dentro de nosotros.

A veces nosotros no tenemos ninguna responsabilidad en esa agua sucia que va colmando nuestro vaso. Eso sucede cuando tenemos que soportar las debilidades de los hermanos o sus brusquedades con nosotros. Nuestra responsabilidad está en cómo gestionamos la situación. Primero hemos de tomar conciencia de los sentimientos que provoca ese hermano en mí, incluso antes de que haga algo que me molesta. Si somos conscientes de ello, sabremos relativizar la gravedad de sus actos, pues nos daremos cuenta de que tenemos una lupa delante que los va a aumentar. Además, nunca podemos olvidar que la misma paciencia que yo he de tener con sus manías es la que él ha de tener con las mías.

En segundo lugar, hemos de saber afrontar lo que nos dice o hace de forma asertiva, preguntando o respondiendo sin violencia, algo muy difícil cuando nos invade el estrés, el rencor, el temor o la falta de paz interior. Lo normal es que nos refugiemos en el silencio para no estallar o por temor al otro, pero eso no hace más que alimentar una violencia reprimida en nosotros. Es más sabio trabajar primero nuestro propio corazón y saber preguntar sin violencia, entonces veremos cómo el chorro de agua sucia que nos estaba entrando se vuelve limpia o deja de entrar con tanta fuerza.

Si nosotros no tenemos ninguna responsabilidad en la suciedad que nos entra, y hemos intentado afrontarla pacíficamente sin éxito, entonces es el momento de abrir el tapón para evitar que se nos llene el fregadero y se desborde. ¿Cómo? Quien tiene un corazón magnánimo trata de justificar al hermano, no negando la realidad, sino tratando de pensar que está muy nervioso, que se encuentra superado, que realmente no hubiera querido hacer lo que hizo, o que yo mismo soy tan débil como él. Si esto no basta, pues el daño que me ha hecho me ha llegado a hacer mella, entonces el mejor camino es el del perdón. Cuando uno se siente ofendido de cualquier modo, o las actitudes de otro le provocan un profundo rechazo, es entonces cuando debe perdonar. Si lo consigue de corazón, verá cómo se abre el tapón para que toda el agua sucia que ha recibido se vaya por el desagüe sin que le afecte gran cosa, evitando así que se desborde su vaso al no dejarlo llenar. Si nuestro vaso rebosa con frecuencia es un buen aviso para trabajar lo que debemos trabajar en nosotros, pues de lo que hacen los demás ni soy responsable ni lo puedo evitar.

Las dificultades, las adversidades y las injusticias no las podemos evitar completamente, pero sí las podemos afrontar de forma positiva. Para ello es imprescindible tener una motivación fuerte y trascendente. Si nuestra motivación no va más allá de defender nuestros derechos, es probable que terminemos agotados y amargados, pues no siempre lo conseguiremos y seremos incapaces de perdonar cuando el otro no reconoce su culpa y nos pide perdón, dejando un poso de amargura y resentimiento en nuestro interior que clama venganza. Quien tiene una motivación superior, es capaz de superar incluso la injusticia sin dejarse esclavizar por el dolor que nos provoca. Esa motivación superior puede ser sacar adelante a los hijos, salvar a un ser querido o responder confiadamente a la providencia divina en nuestras vidas, pues hasta el mismo Jesús pidió ser librado del sufrimiento que se le avecinaba en el huerto de los olivos, sin renunciar por ello al cáliz que se le ofrecía, y venciendo todo rencor con el perdón en la misma cruz de aquellos que lo crucificaron. Sin motivaciones superiores no podremos superar ciertas pruebas según el evangelio.

Cuando tomamos conciencia que la verdadera paz y felicidad está en nuestras manos, y no en lo que los otros puedan hacer o dejar de hacer, entonces alcanzaremos la quietud que permite ver todo y a todos de otra manera, valorándolos por lo que son y no solo por lo que hacen. Lo que ellos son no altera el corazón del que vive centrado, lo que hacen sí nos altera cuando vivimos fuera de nosotros mismos, pues reaccionamos según nuestras emociones y sentimientos. Estos son muy buenos para conocernos, pero no les dejemos tomar las riendas de nuestras vidas si queremos tener paz.

San Benito dice en su Regla que a todo el que desea abrazar la vida monástica hay que avisarle de las dificultades que va a encontrar, no para desanimarlo, sino para que no se engañe: “Díganle de antemano todas las cosas duras y ásperas a través de las cuales se va a Dios” (RB 58). Es lo que parece hacer Jesús cuando envía a sus discípulos a anunciar el evangelio, prediciéndoles persecuciones y dificultades. Con razón Santa Teresa decía al Señor: “Si tratas así a tus amigos, pocos puedes tener”. Pero, al menos, no podremos decir que nos engaña. Y es que el amor tiene sus exigencias, es probado y no resulta fácil, aunque después nos sintamos colmados y dé sentido a nuestra vida.

Los hombres se pertrechan de armamento y un buen ejército antes de salir al campo de batalla. Pues bien, Jesús nos recuerda que nuestra principal fortaleza está en él, no en nuestras armas ni en el poder de nuestro brazo. Que cuanto más desarmados estemos, mejor podrá hacer su obra en nosotros: “Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos”. ¡Qué ocurrencias! Enviemos a una oveja a una manada de lobos y veremos qué queda de ella. Tantas veces hemos oído este pasaje que nos cuesta tomar conciencia de lo que significa. Sin embargo, nos lo repite hasta la saciedad: Dios muestra su fuerza en nuestra debilidad. Tenemos miedo y nos paralizamos cuando miramos nuestras fuerzas ante un adversario o una empresa que nos supera, y terminamos huyendo. Nos viene la prueba, la duda, la oscuridad, nos vemos pequeños, quizá pensamos que nos hemos equivocado en la vida o que somos unos fracasados y la gente no nos reconoce, y nos entran ganas de salir corriendo y escondernos.

Pero el hecho de que el Señor sea nuestra fuerza no significa que seamos unos inconscientes y no tomemos medidas. Cuando uno vive en una burbuja, protegido de todo, es fácil estar tranquilo, sabiendo que alguien saldrá en su defensa. Pero cuando a uno le han puesto en primera fila, debiendo afrontar la adversidad y enfrentarse a la maldad humana, tiene que mantener la sencillez evangélica sin renunciar a la prudencia y la prevención. Por eso Jesús nos dice: “Sed prudentes como serpientes y sencillos como palomas.

La prudencia de la serpiente representa a la persona reflexiva y observadora que sabe a dónde quiere ir y toma las medidas de prevención necesarias ante los que buscan nuestro mal, pues nos golpearán y nos juzgarán por causa de Jesús. La sencillez la tenemos cuando actuamos sin malicia, aceptando que sea el Señor quien salga en nuestra defensa y hable a través nuestro en los momentos en los que tenemos que dar testimonio. Con mucha frecuencia la providencia divina transforma la maldad del malvado en causa de vida y salvación para sus fieles. Como muchas veces la adversidad o la vejación no hace sino sacar lo mejor de nosotros mismos cuando somos humildes, transformando el mal recibido en un bien espiritual. Es la actitud del manso, que crece en humildad ante la violencia del colérico. El colérico gana las batallas de sus caprichos y cabezonerías, pero pierde la guerra de su alma, de la razón profunda de su existencia. El colérico presume de sus victorias cuando se sale con la suya, pero no se da cuenta que tiene los pies de barro. El manso, por el contrario, pierde muchas batallas, pero gana la guerra de su alma. La mansedumbre no nos librará de la injusticia, pero sí nos dará el señorío sobre la injusticia. Quien nos puede golpear, difamar o matar no nos podrá quitar la dignidad si confiamos en el Señor. Por eso dice el libro de la Sabiduría, aludiendo al profeta Jeremías, que la actitud del justo produce fastidio poniendo en evidencia nuestros pecados al mantenerse firme (cf. Sab 2, 12; Jr 11, 19; 20, 10-13).

Todo esto lo hemos de practicar en la vida cotidiana, sin esperar a situaciones dramáticas. Eso lo haremos cuando resistimos al mal con el bien, a la violencia con la mansedumbre, a los gritos con el silencio, a la maldición con la bendición. Muchas cosas que nos sacan de quicio o que pensamos son injusticias y no debemos tolerar o son motivo para alejarnos, en realidad son una ocasión para vivir el evangelio y seguir al Maestro. Sin pasar por eso, no llegaremos a ser verdaderos discípulos suyos. Podremos estar junto a él, vivir en su casa, pero no lo conoceremos ni seremos auténticos discípulos. Nos habremos vestido con sus ropas, pero la gente no nos reconocerá como sus discípulos. Pues, así como el perro conoce a su dueño, aunque cambie de ropa, así los demás intuyen en nosotros la presencia o ausencia del Maestro más allá de las apariencias con que nos vestimos o del lugar donde vivimos.

Necesitamos una visión de fe, una mirada mística que nos permita comprender cómo Dios vive en aquel que le sigue, cómo su Espíritu habla y actúa en nosotros cuando abrazamos el camino que nos propone. Solo con esa mirada se ahuyenta el miedo, aunque sintamos la inquietud que brota del instintivo de supervivencia, pero que no es capaz de turbar el alma. Cuando os entreguen por mi causa, no os preocupéis de cómo o qué vais a decir. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros. Algo que contrasta con nuestra actitud más habitual, pues, cuando nos sentimos agredidos, nuestra cabeza no para de maquinar y preparar argumentos para combatir la actitud del que me es hostil. Está claro que esto no suele dar buenos frutos, pues es el mal espíritu el que nos da mil argumentos para justificar nuestra postura, defender nuestros derechos y combatir al hermano que nos ha ofendido, sin la mirada limpia del Espíritu de Dios que se mueve por la verdad y el amor y no por la ira y el rencor.

Pero todavía hay algo más duro que la persecución o la provocación del malvado. Jesús nos avisa de que en el mismo seno de nuestra familia se generará la tensión. Aquello que nos da confianza y alimenta nuestros afectos pudiera tambalearse si pretendemos ser coherentes seguidores del Maestro: Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo: se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el final, se salvará.

La perseverancia no es una virtud muy actual en una cultura que prima los sentimientos y estados de ánimo. Cuando damos prevalencia a nuestros sentimientos, nuestras decisiones serán tan volubles como ellos. Buscaremos un bienestar inmediato tan inestable como ellos. Sin embargo, cuando priorizamos la meta buscada, el deseo profundo que llevamos dentro, no le damos tanta importancia a los diferentes estados de ánimo que experimentamos en el camino.

Jesús nos avisa de que en la vida encontraremos muchas dificultades, incluso la persecución. Podemos huir de una ciudad a otra si nos rechazan, pero manteniendo el ánimo y la perseverancia del que sabe que ha recibido una misión que debe llevar a cabo. Esa huida no es más que un apartarse del muro que nos impide caminar, buscando otro camino en el que poder realizar la misión recibida. A veces, no es fácil discernir el tipo de huida que realizamos.

Y para animarnos, Jesús nos recuerda que el discípulo no es más que el Maestro, por lo que no nos debemos sorprender. Nos perseguirán como le persiguieron a él (cf. Jn 15, 18-20) creyendo dar gloria a Dios (Jn 16, 2). Nos anticipa la pasión, pero también la gloria de la resurrección. Y, sobre todo, nos invita a gozarnos de lo que supone vivir como hijos de Dios en cada instante de nuestra vida.

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Nuestra comunidad está formada por monjes cistercienses de la rama que en 1892 constituyeron la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia (OCSO). Somos seguidores de la espiritualidad que San Benito dejó plasmada en su Regla escrita en el siglo VI y asumida por los primeros cistercienses desde la fundación de Císter en 1098.

La historia de nuestra comunidad es dilatada, pues sus orígenes remontan hacia 1150. El arte acumulado a lo largo de tantos siglos expresa, principalmente en la arquitectura, la vida del Espíritu que ha conformado nuestra existencia. Oración y trabajo, soledad interior y vida comunitaria, silencio que escucha y palabra que comparte y acoge, separación y solidaridad con el mundo, en especial con los pobres, serán las características que definan este modo de vida peculiar que no quiere separar lo humano de lo divino.

En la actualidad la comunidad de Sta. Mª de Huerta está formada por una veintena de monjes y tiene una fundación en el monasterio de Ntra. Sra. de MONTE SIÓN, a las afueras de Toledo. Esa vida que desea transmitir, también ha dado nuevos frutos en la Fraternidad de Laicos Cistercienses que se ha ido creando alrededor del monasterio y que viviendo en su condición secular quieren participar de su carisma.

La communauté de Santa María de Huerta est constituée de moines cisterciens de la branche qui créèrent en 1892, la OCSO (Ordre Cistercienne de la Stricte Observance). Ils se conforment a la Régle établie par Saint Benoît au sixième siècle et adoptée par le premiers cisterciens depuis la fondation de cet ordre.

L’histoire de cette communauté est ancienne puisque elle remonte a 1150. L’art accumule au fil de tant de siècles s'exprime principalement dans l architecture et la vie spirituelle qui sont en sont l'essence. La prière et le travail, la solitude et la vie en communauté, le silence et la parole, qui permettent l'écoute, le partage et l'accueil. L’isolement et la solidarité envers les autres, surtout les pauvres, sont les caractéristiques qui définissent ce mode de vie spécifique qui a pour fin de ne pas séparer l'humain du divin.

Actuellement, la communauté de Santa Maria de Huerta est composée d'une vingtaine de moines. Celle ci est en train de créer une nouvelle fondation, dans le Monastère de Notre Dame du Mont Sion, aux alentours de Tolède. Cet état d'esprit que souhaitent transmettre les moines, s’est étendu à des communautés laïques, crées autour des monastères,qui tout en menant une vie séculière, intègrent l'état d'esprit cistercien.

The monastery of Our Lady of Huerta is a community of Cistercian monks of the Strict Observance OCSO who follow the Rule of Saint Benedict, written in the 6th century. The Cistercian Order was founded in 1098.

Our Lady of Huerta has a long history, with its origin going back to 1150. Its art and architecture, accumulated down through the centuries, expresses the life of the Spirit that has shaped its existence. Prayer and work, inner solitude and community life, a silence that listens and a word of welcome, separation and solidarity with the world, especially the poor, are the characteristics of the community’s way of life, which seeks not to separate the human from the divine.

At present, the community of Our Lady of Huerta number approximately twenty monks. It has erected a new foundation, Our Lady of Mount Sion, on the outskirts of Toledo. This community’s life has also born fruit in a lay community that has grown up around the monastery and which, while living in ‘the world’, hopes to share in the Cistercian charisma.

«No anteponer nada al amor de Cristo»

Regla de San Benito LXXII,11.

«Si cuando queremos sugerir algo a hombres poderosos, no osamos hacerlo sino con humildad y reverencia, con cuánta mayor razón se ha de suplicar al Señor Dios de todas las cosas con toda humildad y pura devoción».

Regla de San Benito XX, 1-2

«No abandones en seguida, sobrecogido de temor, el camino de la salvación, que forzosamente ha de iniciarse con un comienzo estrecho. Mas, al progresar en la vida monástica y en la fe, ensanchado el corazón por la dulzura de un amor inefable, vuela el alma por el camino de los mandamientos de Dios»

Regla de San Benito, Prólogo, 48-49.

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