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Cursillo

Vida Monástica y Oración

Cursillo Cister

Se trata de dar a conocer la vida monástica y la oración a toda persona que esté interesada. Durante los tres días del cursillo los participantes pueden convivir con los monjes participando de su oración y de su trabajo.

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Comunidad

7 días en el monasterio

2 Monjes Arrodillados

¿Te interesa tener una experiencia de silencio y espiritualidad, de vida sencilla en armonía con uno mismo y con lo que nos rodea? La espiritualidad solo es real cuando se vive y nos transforma. Te ofrecemos esa posibilidad sin más pretensiones, con el deseo de compartir lo que hemos recibido. Una experiencia vivida desde dentro, con los monjes y como los monjes.

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Fraternidad

Los Laicos Cistercienses

Fraternidad Cister

Somos un grupo de cristianos, hombres y mujeres laicos, de diversas edades y condición, que aspiramos a vivir en la sociedad de acuerdo con el mensaje evangélico, basándonos en la espiritualidad y carisma cisterciense.

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Vocación

Monastica Cisterciense

Vocacion Cister2a

La vocación es Dios pidiendo permiso para caminar con nosotros y para que en nuestra vida hagamos su voluntad. En la medida en que uno se decide a dejarle sitio se va fortaleciendo la relación de amistad con Dios.

Y en esa amistad es donde se escucha la llamada. Y Dios se mete, no para, te busca, insiste... hasta que uno se decide por el sí o por el no.

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Descubrir el propio proyecto desde la fe, supone querer imitar a Jesús, vivir la experiencia de la amistad y de la compenetración con Jesús como amigo íntimo y salvador. Siempre cuenta con nosotros y no nos deja tranquilos, aunque respeta nuestra libertad


 

Sábado, 07 Noviembre 2020 19:57

SE 36 - Nada teme el que nada le pueden quitar

El miedo es algo espontáneo que nos brota ante el peligro, cuando no controlamos una situación amenazadora. Es un instinto de supervivencia que surge ante el peligro de perder aquello que queremos conservar. Entonces, ¿por qué Jesús nos manda no tener miedo cuando nos persigan?

En primer lugar, nos invita a reorientar la mirada: lo que debemos conservar es la vida, no la respiración. Lo verdaderamente importante es la vida del alma que nos habita siempre y no tanto la existencia terrestre que, en cualquier caso, tendrá fin: No temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo. La salvación que nos promete no es la de esta vida caduca, sino la de la imperecedera, la que no tiene fin.

No les tengáis miedo porque su poder es limitado y, al final, se impondrá la verdad, saliendo a la luz todo lo que estaba oculto. Es el miedo que nos atenaza cuando nos quitan la fama, nos injurian o nos calumnia, sintiendo que matan nuestra buena imagen ante los hombres, una forma de quitar la vida. Y todavía es más doloroso cuando sufrimos la injusticia, cuando sufrimos un daño y no sale a la luz la verdad que nos pueda terminar reconfortando, sino que, encima, debemos cargar con la culpa. Cuando la verdad sale a la luz y se castiga al culpable, la víctima siente cierto alivio. Pero cuando ha tenido que sufrir el daño y se mantiene oculta la verdad, su dolor se multiplica.

Jesús nos anima a vivir en la verdad, pues la verdad nos hace libres y pone a todos en su sitio. Él nos asegura que esa verdad saldrá a la luz y debemos arriesgarnos a sacarla nosotros mismos. El mal busca siempre la oscuridad. La hipocresía aparenta lo que no es, resultando incompatible con la verdad de Dios, de ahí que Jesús arremetiera tan duramente contra ella. Los discípulos del Señor debemos vivir en la verdad. Por eso Jesús no nos propone negar el mal que hayamos cometido, sino reconocerlo y pedir perdón por él. Solo así nos sentiremos liberados, pues nadie puede evitar el pecado, pero todos lo podemos reconocer. Vivir escondiéndolo siempre nos consume mucha energía y nos hace esclavos de él, sin poder seguir caminando con ilusión. Reconocerlo y pedir perdón nos ennoblece y nos libera, pues todos nos sabemos pecadores.

También Jesús nos invita a revelar públicamente lo que él nos hace entender en lo oculto del corazón. La fe nos da un conocimiento que no nos lo da la razón por sí misma. Toda experiencia espiritual, como todo don, es para compartirlo. Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz, nos manda Jesús. Es la labor pedagógica del que ha adquirido un conocimiento y es capaz de transmitirlo a los demás adaptándose a las peculiaridades e inteligencia de cada uno. Quien recibe un conocimiento o don espiritual y lo utiliza para manifestar su superioridad, despreciando a los demás, lo único que alimenta es su propio ego. Quien lo recibe y se esfuerza para que dé vida también en los otros, es el obrero fiel que, olvidado de sí mismo, se preocupa por los hijos de Dios y los alimenta con los dones que le han sido confiados.

El testimonio que demos de Jesús y su evangelio ante los hombres tendrá su recompensa, nos dice también Jesús, él nos reconocerá como algo propio delante del Padre. Pero igualmente nos avisa que aquél que se deje llevar por el miedo y no lo reconozca delante de los hombres, tampoco él lo reconocerá delante del Padre. Esto huele un poco a venganza, especialmente cuando tenemos una idea de Dios como padre bondadoso. Creo que la cosa se entiende mejor si separamos las consecuencias de nuestros actos de la misericordia divina. Así como antes decía que no podemos gastar energías en esconder el pecado, sino que es mejor reconocerlo y pedir el perdón, algo parecido sucede aquí. Lo que sembramos, eso recogeremos. Si negamos al Hijo de Dios, es normal que no seamos reconocidos como hijos por el Padre. Otra cosa diferente y posterior es que la misericordia divina nos rescate como el que escapa del fuego, que nos dice San Pablo: La obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, porque se revelará con fuego. Y el fuego comprobará la calidad de la obra de cada cual. Si la obra que uno ha construido resiste, recibirá la recompensa. Pero si la obra de uno se quema, sufrirá el castigo. Él, no obstante, quedará a salvo, pero como quien escapa del fuego (1Cor 3, 13-15).

No es lo mismo vivir en el amor que simplemente ser rescatado por amor. Vivir en el amor es darse por amor y gozar del amor. Es una actitud proactiva que saca lo mejor de nosotros mismos y nos hace sentirnos vivos y plenos. Quien solo es rescatado por amor tiene la experiencia del amor del otro, de la vida que invade al otro, siendo él mero beneficiario de su misericordia. Pero, como decía Jesús según San Pablo: hay más gozo en dar que en recibir (Hch 20, 35). Esta es la diferencia entre el que vive su vida cristiana con el protagonismo comprometido del amor y el que la vive por inercia, sin implicarse, beneficiándose únicamente del amor de Dios y de los otros por su paciencia y comprensión para con nosotros. Es la diferencia entre el que vive el amor como cónyuge, en unidad y sinergia de voluntad con la del Esposo, y el que no pasa de ser un eterno niño que debe ser llevado en brazos toda su vida.

Ciertamente que el Señor nos invita a vivir con la confianza de hijos en brazos de nuestro Padre, sabiendo que somos criaturas suyas y que valemos más que cualquier otro ser creado. Pero eso no significa que nos quiera eternos infantes en la vida espiritual. El niño no tiene capacidad de comprometerse y no se le puede pedir responsabilidad. El adulto no puede eludir su responsabilidad en la vida, ni delante de Dios ni delante de los hombres.

Para hacernos comprender que es Dios mismo quien lleva las riendas de nuestra vida a través de su providencia nos pone la comparación de los pájaros: ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre; o también la de nuestro cabello cuando nos dice: hasta los pelos de vuestra cabeza están todos contados. Son imágenes que nos vienen a decir que todo lo que sucede pasa por la providencia divina, que Dios no es ajeno a nuestra vida, que las cosas no suceden simplemente por azar y, aunque así pareciera, siempre hay una lectura más profunda para el que cree que Dios siempre está presente en todos los momentos de nuestra vida, ayudándonos a darles un sentido y utilizarlos como una oportunidad.

No tengamos, pues, miedo, y seamos responsables de nuestras vidas en el amor.

Nuestra comunidad está formada por monjes cistercienses de la rama que en 1892 constituyeron la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia (OCSO). Somos seguidores de la espiritualidad que San Benito dejó plasmada en su Regla escrita en el siglo VI y asumida por los primeros cistercienses desde la fundación de Císter en 1098.

La historia de nuestra comunidad es dilatada, pues sus orígenes remontan hacia 1150. El arte acumulado a lo largo de tantos siglos expresa, principalmente en la arquitectura, la vida del Espíritu que ha conformado nuestra existencia. Oración y trabajo, soledad interior y vida comunitaria, silencio que escucha y palabra que comparte y acoge, separación y solidaridad con el mundo, en especial con los pobres, serán las características que definan este modo de vida peculiar que no quiere separar lo humano de lo divino.

En la actualidad la comunidad de Sta. Mª de Huerta está formada por una veintena de monjes y tiene una fundación en el monasterio de Ntra. Sra. de MONTE SIÓN, a las afueras de Toledo. Esa vida que desea transmitir, también ha dado nuevos frutos en la Fraternidad de Laicos Cistercienses que se ha ido creando alrededor del monasterio y que viviendo en su condición secular quieren participar de su carisma.

La communauté de Santa María de Huerta est constituée de moines cisterciens de la branche qui créèrent en 1892, la OCSO (Ordre Cistercienne de la Stricte Observance). Ils se conforment a la Régle établie par Saint Benoît au sixième siècle et adoptée par le premiers cisterciens depuis la fondation de cet ordre.

L’histoire de cette communauté est ancienne puisque elle remonte a 1150. L’art accumule au fil de tant de siècles s'exprime principalement dans l architecture et la vie spirituelle qui sont en sont l'essence. La prière et le travail, la solitude et la vie en communauté, le silence et la parole, qui permettent l'écoute, le partage et l'accueil. L’isolement et la solidarité envers les autres, surtout les pauvres, sont les caractéristiques qui définissent ce mode de vie spécifique qui a pour fin de ne pas séparer l'humain du divin.

Actuellement, la communauté de Santa Maria de Huerta est composée d'une vingtaine de moines. Celle ci est en train de créer une nouvelle fondation, dans le Monastère de Notre Dame du Mont Sion, aux alentours de Tolède. Cet état d'esprit que souhaitent transmettre les moines, s’est étendu à des communautés laïques, crées autour des monastères,qui tout en menant une vie séculière, intègrent l'état d'esprit cistercien.

The monastery of Our Lady of Huerta is a community of Cistercian monks of the Strict Observance OCSO who follow the Rule of Saint Benedict, written in the 6th century. The Cistercian Order was founded in 1098.

Our Lady of Huerta has a long history, with its origin going back to 1150. Its art and architecture, accumulated down through the centuries, expresses the life of the Spirit that has shaped its existence. Prayer and work, inner solitude and community life, a silence that listens and a word of welcome, separation and solidarity with the world, especially the poor, are the characteristics of the community’s way of life, which seeks not to separate the human from the divine.

At present, the community of Our Lady of Huerta number approximately twenty monks. It has erected a new foundation, Our Lady of Mount Sion, on the outskirts of Toledo. This community’s life has also born fruit in a lay community that has grown up around the monastery and which, while living in ‘the world’, hopes to share in the Cistercian charisma.

«No anteponer nada al amor de Cristo»

Regla de San Benito LXXII,11.

«Si cuando queremos sugerir algo a hombres poderosos, no osamos hacerlo sino con humildad y reverencia, con cuánta mayor razón se ha de suplicar al Señor Dios de todas las cosas con toda humildad y pura devoción».

Regla de San Benito XX, 1-2

«No abandones en seguida, sobrecogido de temor, el camino de la salvación, que forzosamente ha de iniciarse con un comienzo estrecho. Mas, al progresar en la vida monástica y en la fe, ensanchado el corazón por la dulzura de un amor inefable, vuela el alma por el camino de los mandamientos de Dios»

Regla de San Benito, Prólogo, 48-49.

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monasterios con hospederia