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Cursillo

Vida Monástica y Oración

Cursillo Cister

Se trata de dar a conocer la vida monástica y la oración a toda persona que esté interesada. Durante los tres días del cursillo los participantes pueden convivir con los monjes participando de su oración y de su trabajo.

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Comunidad

7 días en el monasterio

2 Monjes Arrodillados

¿Te interesa tener una experiencia de silencio y espiritualidad, de vida sencilla en armonía con uno mismo y con lo que nos rodea? La espiritualidad solo es real cuando se vive y nos transforma. Te ofrecemos esa posibilidad sin más pretensiones, con el deseo de compartir lo que hemos recibido. Una experiencia vivida desde dentro, con los monjes y como los monjes.

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Fraternidad

Los Laicos Cistercienses

Fraternidad Cister

Somos un grupo de cristianos, hombres y mujeres laicos, de diversas edades y condición, que aspiramos a vivir en la sociedad de acuerdo con el mensaje evangélico, basándonos en la espiritualidad y carisma cisterciense.

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Vocación

Monastica Cisterciense

Vocacion Cister2a

La vocación es Dios pidiendo permiso para caminar con nosotros y para que en nuestra vida hagamos su voluntad. En la medida en que uno se decide a dejarle sitio se va fortaleciendo la relación de amistad con Dios.

Y en esa amistad es donde se escucha la llamada. Y Dios se mete, no para, te busca, insiste... hasta que uno se decide por el sí o por el no.

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Descubrir el propio proyecto desde la fe, supone querer imitar a Jesús, vivir la experiencia de la amistad y de la compenetración con Jesús como amigo íntimo y salvador. Siempre cuenta con nosotros y no nos deja tranquilos, aunque respeta nuestra libertad


 

Sábado, 22 Agosto 2020 09:12

SE 33 - Donde está nuestra motivación está nuestra fuerza

Es bueno que desarrollemos los dones que hemos recibido, que seamos creativos y hagamos muchas cosas. Es bueno que busquemos construir, ser emprendedores y, en lo posible, rentables. Pero lo que verdaderamente nos da energía para seguir adelante en las dificultades y seguir entregándonos a pesar de todo es la motivación que tengamos. Si la motivación es pequeña, el cansancio y el aburrimiento vendrán pronto. Si la motivación se centra en nosotros mismos, actuaremos mientras nos sintamos bien. Solo si nuestra motivación está más allá de nosotros mismos podremos perseverar aun en las dificultades, superando el cansancio y el rechazo, como superan todas las dificultades laborales unos padres que tienen que sacar adelante a los hijos que tanto quieren.

Es lo que Jesús vive cuando después de recorrer todas las ciudades proclamando la Buena Noticia, contempla a la muchedumbre y siente compasión de ella porque estaban extenuados y abatidos “como ovejas que no tienen pastor”. Se trata de una expresión que, según los estudiosos, se refiere principalmente a la gente abandonada, pobre y marginada (cf. 1 Re 22, 17), al “pueblo de la tierra”, término despectivo usado por los fariseos para designar a la gente pobre e ignorante, que no tiene el conocimiento de la Ley necesario para observarla (Jn 7, 49) y que muchas veces tampoco tendría medios para practicarla.

Ver la indefensión y pobreza de los otros nos aviva la compasión y nos fortalece para sobreponernos ante el cansancio y las dificultades. Algo que hemos visto en los meses más duros de la pandemia de forma muy evidente en el personal sanitario y otros que se han entregado solidariamente de forma admirable más allá de su obligación al sentirse conmovidos por las vidas que estaban en sus manos y no sabían cómo multiplicarse para ayudar.

Mirar a los otros y dejarnos impactar por su necesidad nos permite olvidarnos de nosotros mismos y saca lo mejor que llevamos dentro, que, a veces, desconocíamos. Es el sentimiento de Jesús presente en toda persona buena, creyente o no creyente. Él nos dice: “La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad pues al Señor de la mies que envíe trabajadores a su mies”. Trabajadores, no mirones. Personas que se muevan y no solo que se conmuevan. Los curiosos no pasan de chismosos, que contando lo que han visto por donde pasaron se creen que tuvieron algún papel decisivo en la solución. Jesús se quejaba de ver a la gente como ovejas sin pastor. Sin duda que había pastores en su época, pero que se pastoreaban a sí mismos y no a las ovejas.

Jesús proclamaba la Buena Noticia por todas las ciudades, pues sabía que el evangelio podía fortalecer al que lo conociera, sintiendo pena por los que no recibían su consuelo. Y es que el evangelio es precisamente eso, buena noticia que alegra la vida y le da sentido. Pastoreamos cuando buscamos el bien de los demás y somos causa de alegría para ellos y motivo de estímulo para crecer. Nos pastoreamos a nosotros mismos cuando buscamos ante todo que los demás hagan aquello que ni nosotros mismos hacemos, preocupándonos más por las formas que por el corazón.

Con esta actitud Jesús comienza su discurso de la misión, con advertencias y consejos para nuestra misión apostólica. Lo primero que hará será elegir a sus discípulos y encomendarles la misión.

Cuando leo cómo fue la elección de los apóstoles me recuerda lo que dicen nuestras Constituciones y Estatutos al hablar de la elección de los miembros de una nueva fundación: “La selección de los hermanos fundadores no sea solo una cuestión de organización práctica, sino también de discernimiento y oración” (Est. 69. 1.A). Es lo que hizo Jesús, y nos recuerda el evangelista Lucas: En aquellos días Jesús se fue al monte a orar, y se pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos (Lc 6, 12s). No basta con utilizar criterios prácticos y, mucho menos, buscar personas que piensen igual, algo por otro lado imposible. Toda comunidad cristiana se sustenta en la fe, porque el Señor está en medio de ella y no por la forma de pensar o el valor personal de los que la integran, aunque eso ayude. La elección de los apóstoles que formarán la comunidad más íntima de Jesús llama la atención por su diversidad. Los que vivimos en comunidad bien sabemos que sus miembros no son un grupo formado por afinidades de ningún tipo ni se juntan por afectos especiales. Muy al contrario, parece que el Espíritu se empeña en juntar lo más diverso para que quede de manifiesto por qué y por quién estamos aquí.

En la comunidad de los apóstoles encontramos tres grupos que distinguen los evangelios. En primer lugar, está el círculo más cercano a Jesús: Pedro, Santiago, Juan y Andrés, especialmente los tres primeros. El segundo grupo lo forman los que han estado más cercanos a los no judíos: Felipe, Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; finalmente, en el tercer grupo se encuentran los más judaizantes: Santiago de Alfeo, Tadeo, Simón el Zelote y Judas el Iscariote. Y entre todos ellos la variedad de caracteres y de expectativas es evidente. Llegamos a ver a un militante revolucionario y radical antirromano, el zelota Simón, o a un ladrón y traidor como Judas.

Llamó a sus discípulos para encomendarles una misión, capacitándolos primero: Llamando a los doce discípulos les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. Es lo que nosotros llamamos la “gracia de estado”. Nadie comienza un oficio sin prepararse primero. Para el oficio que el Señor nos encomienda nosotros no nos podemos preparar, pues nos supera, es él quien nos prepara dándonos su gracia. Por eso, cuando nos sentimos incapaces para desempeñar algo de este tipo, está bien que así nos sintamos, pero si tenemos fe confiaremos en la fuerza que Dios nos da que nos capacita para esa misión. No nos capacita para tener éxitos humanos y recibir el halago de los demás, sino que nos capacita para la misión que él nos encomienda según el corazón de Dios. Algo exigente, pues requiere mucho abandono, mucha confianza, mucha renuncia a nosotros mismos y nuestros sueños de ser reconocidos y admirados por los demás. Pero cuidado, que si pretendemos “el poder sobre los espíritus y para poder curar” nos toparemos con el fracaso. Es lo que puede suceder a aquellos que confían demasiado en la gracia de estado recibida y se atribuyen cosas que no les corresponde. Si solo pretendemos obedecer a los designios de Dios y acoger la misión que nos encomienda, en ocasiones muy a pesar nuestro, entonces ese poder se manifestará sin que nosotros mismos nos percatemos de ello.

Nuestra comunidad está formada por monjes cistercienses de la rama que en 1892 constituyeron la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia (OCSO). Somos seguidores de la espiritualidad que San Benito dejó plasmada en su Regla escrita en el siglo VI y asumida por los primeros cistercienses desde la fundación de Císter en 1098.

La historia de nuestra comunidad es dilatada, pues sus orígenes remontan hacia 1150. El arte acumulado a lo largo de tantos siglos expresa, principalmente en la arquitectura, la vida del Espíritu que ha conformado nuestra existencia. Oración y trabajo, soledad interior y vida comunitaria, silencio que escucha y palabra que comparte y acoge, separación y solidaridad con el mundo, en especial con los pobres, serán las características que definan este modo de vida peculiar que no quiere separar lo humano de lo divino.

En la actualidad la comunidad de Sta. Mª de Huerta está formada por una veintena de monjes y tiene una fundación en el monasterio de Ntra. Sra. de MONTE SIÓN, a las afueras de Toledo. Esa vida que desea transmitir, también ha dado nuevos frutos en la Fraternidad de Laicos Cistercienses que se ha ido creando alrededor del monasterio y que viviendo en su condición secular quieren participar de su carisma.

La communauté de Santa María de Huerta est constituée de moines cisterciens de la branche qui créèrent en 1892, la OCSO (Ordre Cistercienne de la Stricte Observance). Ils se conforment a la Régle établie par Saint Benoît au sixième siècle et adoptée par le premiers cisterciens depuis la fondation de cet ordre.

L’histoire de cette communauté est ancienne puisque elle remonte a 1150. L’art accumule au fil de tant de siècles s'exprime principalement dans l architecture et la vie spirituelle qui sont en sont l'essence. La prière et le travail, la solitude et la vie en communauté, le silence et la parole, qui permettent l'écoute, le partage et l'accueil. L’isolement et la solidarité envers les autres, surtout les pauvres, sont les caractéristiques qui définissent ce mode de vie spécifique qui a pour fin de ne pas séparer l'humain du divin.

Actuellement, la communauté de Santa Maria de Huerta est composée d'une vingtaine de moines. Celle ci est en train de créer une nouvelle fondation, dans le Monastère de Notre Dame du Mont Sion, aux alentours de Tolède. Cet état d'esprit que souhaitent transmettre les moines, s’est étendu à des communautés laïques, crées autour des monastères,qui tout en menant une vie séculière, intègrent l'état d'esprit cistercien.

The monastery of Our Lady of Huerta is a community of Cistercian monks of the Strict Observance OCSO who follow the Rule of Saint Benedict, written in the 6th century. The Cistercian Order was founded in 1098.

Our Lady of Huerta has a long history, with its origin going back to 1150. Its art and architecture, accumulated down through the centuries, expresses the life of the Spirit that has shaped its existence. Prayer and work, inner solitude and community life, a silence that listens and a word of welcome, separation and solidarity with the world, especially the poor, are the characteristics of the community’s way of life, which seeks not to separate the human from the divine.

At present, the community of Our Lady of Huerta number approximately twenty monks. It has erected a new foundation, Our Lady of Mount Sion, on the outskirts of Toledo. This community’s life has also born fruit in a lay community that has grown up around the monastery and which, while living in ‘the world’, hopes to share in the Cistercian charisma.

«No anteponer nada al amor de Cristo»

Regla de San Benito LXXII,11.

«Si cuando queremos sugerir algo a hombres poderosos, no osamos hacerlo sino con humildad y reverencia, con cuánta mayor razón se ha de suplicar al Señor Dios de todas las cosas con toda humildad y pura devoción».

Regla de San Benito XX, 1-2

«No abandones en seguida, sobrecogido de temor, el camino de la salvación, que forzosamente ha de iniciarse con un comienzo estrecho. Mas, al progresar en la vida monástica y en la fe, ensanchado el corazón por la dulzura de un amor inefable, vuela el alma por el camino de los mandamientos de Dios»

Regla de San Benito, Prólogo, 48-49.

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monasterios con hospederia