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Cursillo

Vida Monástica y Oración

Cursillo Cister

Se trata de dar a conocer la vida monástica y la oración a toda persona que esté interesada. Durante los tres días del cursillo los participantes pueden convivir con los monjes participando de su oración y de su trabajo.

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Comunidad

7 días en el monasterio

2 Monjes Arrodillados

¿Te interesa tener una experiencia de silencio y espiritualidad, de vida sencilla en armonía con uno mismo y con lo que nos rodea? La espiritualidad solo es real cuando se vive y nos transforma. Te ofrecemos esa posibilidad sin más pretensiones, con el deseo de compartir lo que hemos recibido. Una experiencia vivida desde dentro, con los monjes y como los monjes.

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Fraternidad

Los Laicos Cistercienses

Fraternidad Cister

Somos un grupo de cristianos, hombres y mujeres laicos, de diversas edades y condición, que aspiramos a vivir en la sociedad de acuerdo con el mensaje evangélico, basándonos en la espiritualidad y carisma cisterciense.

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Vocación

Monastica Cisterciense

Vocacion Cister2a

La vocación es Dios pidiendo permiso para caminar con nosotros y para que en nuestra vida hagamos su voluntad. En la medida en que uno se decide a dejarle sitio se va fortaleciendo la relación de amistad con Dios.

Y en esa amistad es donde se escucha la llamada. Y Dios se mete, no para, te busca, insiste... hasta que uno se decide por el sí o por el no.

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Descubrir el propio proyecto desde la fe, supone querer imitar a Jesús, vivir la experiencia de la amistad y de la compenetración con Jesús como amigo íntimo y salvador. Siempre cuenta con nosotros y no nos deja tranquilos, aunque respeta nuestra libertad


 

Sábado, 15 Agosto 2020 08:55

SE 32 - La vida la tenemos porque la hemos recibido, es sabio estar cerca de su fuente

La curación de la hemorroísa y la resurrección de la hija de Jairo se presentan juntas en los tres evangelios sinópticos. Ésta había perdido la vida, mientras que aquella la estaba perdiendo con tanto flujo de sangre.

Un jefe de los judíos se acerca a Jesús y le dice que su hija acaba de morir, pidiéndole vaya a resucitarla. ¡Casi nada! Y después dice Jesús que no había visto mayor fe que la del centurión de Cafarnaúm que tan solo le pedía curar a su siervo. “Mi hija acaba de morir – le dice-, pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá”. También es cierto que, aunque Mateo dice eso, tanto Marcos como Lucas hablan de que la niña está a punto de morir. Jesús se pone en camino. En el trayecto se le cruza una mujer y le toca la borla de su manto con el convencimiento de que así sería curada. Los dos personajes muestran una gran dosis de fe, y los dos reciben según era su fe: “¡Ánimo!, hija, tu fe te ha salvado”, dice a la hemorroísa, y también es vuelta a la vida la hija de Jairo. El fruto de nuestra oración está en función de la fe que tengamos. Los milagros y curaciones de Jesús no son más que un signo de su poder salvífico para con los que creen en él.

Jairo pide a Jesús que devuelva la vida a su hija unigénita imponiendo su mano sobre ella. El gesto de la imposición de las manos sobre otra persona es un gesto utilizado para significar la transmisión de una gracia o de un carisma. Con ello Jairo reconoce al Señor como dador de la vida que es capaz de transmitirla. No se trata solo de que cure a su hija como lo podría hacer un médico (o que le devuelva la vida en este caso), sino que lo haga desde él, transmitiéndole su vida, pues solo se puede dar lo que se posee. Ese matiz es interesante. Algo parecido es lo que hace la hemorroísa y confirma el Señor cuando se dice que dándose cuenta de la fuerza que había salido de él, se volvió entre la gente y decía “¿Quién me ha tocado los vestidos? (Mc 5, 30).

La hemorroísa había gastado todo su dinero con muchos médicos que no solo no la habían curado, sino que la habían dejado peor. Es al final, cuando ya no queda más remedio, cuando acude a Jesús. Lo que nos recuerda una vez más el consejo que San Benito da al abad para con los monjes rebeldes (enfermos, les llama también, cf. RB 28) que no se quieren enmendar, y con los que debe tratar de buscar el remedio adecuado para que sanen y, en el caso de no conseguir nada, le aconseja que acuda a la mejor solución, la oración. Algo que parece un tanto absurdo, pues si era la mejor solución, más valía haberla utilizada en primer lugar. Pero también esto tiene una enseñanza. Como somos perezosos, a veces pretendemos que sean otros los que hagan nuestro trabajo para no tener que esforzarnos, refugiándonos en una pretendida vida de oración. Por eso también resulta más fácil decir: “ya pediré por ti en la oración”, que esforzarse en buscar nosotros alguna solución. Dios escucha a los que piden con fe y se esfuerzan, no a los perezosos que buscan les resuelvan el problema sin poner ellos de su parte.

La salud y la vida son un regalo de Dios que da gratuitamente, pero que exigen un esfuerzo por parte nuestra, el de acercarnos a él. Las sanaciones de Jesús no se suelen dar sin antes pedirlas. La gente, movida por la fe, hace el esfuerzo de acercarse a él, de pedirle la salud o de tocarle el manto. Jesús hoy no está físicamente entre nosotros, pero sí nos acercamos a él cuando oramos. Es importante ese esfuerzo de acercarse a él en la oración y empeñarnos en que nuestra oración sea eso, oración. Llama la atención el esfuerzo que se toman muchos por practicar la meditación zen, el yoga, el taichí, el silencio de la mente, etc., a veces adoptando posturas corporales exigentes o con prácticas rigurosas de vida. Bien saben que sin esfuerzo no hay fruto alguno. Igualmente nos sucede a nosotros cuando afrontamos los momentos de oración personal silenciosa. Primero hemos de tener la determinación de hacerla, venciendo las excusas que suelen venirnos a la mente para posponerla o eludirla al tener otras ocupaciones más importantes. Luego debemos tener la determinación de estar donde estamos, sabiendo que la oración es un estar en presencia de Dios, pero un estar consciente y activo, no un estar cualquiera, como si estuviéramos esperando el autobús o dormitando, sino una actitud expectante, activa. El sueño o las distracciones pueden venir, pero no podemos anclarnos en ellas. La actitud que tengamos es muy importante. Nuestra actitud en la oración revela la fe que tenemos y el deseo que nos mueve. La postura corporal refleja nuestro empeño y nos ayudará más o menos en los frutos de la oración. Ya sabemos que los dones de Dios son gratis, pero no baratos. Que él sana al que se lo pide, pero lo hace según sea su fe de comprometida, manifestando un esfuerzo personal y una aceptación de los planes de la Providencia.

Ambas personas curadas coinciden en algo. Si escuchamos a Mc y a Lc observamos que la hija de Jairo tenía 12 años y la hemorroísa llevaba igualmente 12 años en su penosa situación. No me voy a entretener en ello, pero bien sabemos que se trata de un número especial en la Biblia que alude al pueblo de Dios tanto en el AT (12 tribus) como en el NT (12 apóstoles) como en la Jerusalén celeste (12 puertas con los 12 nombres de las tribus y 12x12000 salvados por la sangre del Cordero). Es un número que nos habla de plenitud, de totalidad, como 12 son los meses del año.

Finalmente, el evangelio añade dos curaciones más: la de dos ciegos y la de un mudo endemoniado. Con los ciegos que piden ser curados vuelve a quedar en evidencia la unidad entre la fe y la sanación al decirles Jesús: “¿Creéis que puedo hacer eso?” Le dicen: “Sí, Señor”. Entonces les tocó los ojos diciendo: “Hágase en vosotros según vuestra fe”. Ni más ni menos, según nuestra fe. Ellos ya mostraron su fe al insistir con fuerza y gritando cuando Jesús pasaba por el camino para que los atendiera y no siguiera de largo. Gritaban con fuerza a pesar de ser conminados para que callaran y no metieran ruido.

La fe es necesaria para obtener lo que se pide, pero no solo eso, es necesaria para comprender y aceptar la acción salvadora de Dios. Los que seguían a Jesús parecían asombrados de lo que estaban viendo y exclamaban: “Jamás se vio cosa igual en Israel”. Sin embargo, los fariseos decían: “Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios”.

Esa cerrazón parece desconcertante. Los fariseos no niegan el prodigio que ellos mismos han visto, sino que lo malinterpretan. Como ellos no creen en Jesús, buscan cualquier interpretación retorcida. Algo que nos puede suceder a nosotros y que hizo exclamar a Jesús: “Ningún profeta es acogido (reconocido) entre los suyos”. Creemos conocernos muy bien para aceptar que la acción salvadora de Dios en el hermano o su palabra profética pueda venir del mismo Dios para nosotros. Si acrecentamos nuestra fe, acrecentaremos los beneficios de la acción salvadora de Dios en nuestra comunidad, sin dejarle pasar de largo. Quien tiene una mirada de fe, tiene una mirada capaz de dar vida a su alrededor y de reconocer esa vida de Dios en medio de nosotros. Quien carece de fe, se perderá esa visión teniendo una visión muy negativa de los demás, aunque resuciten a un muerto. La fe no la da nuestro estatus religioso, sino que brota del corazón.

Nuestra comunidad está formada por monjes cistercienses de la rama que en 1892 constituyeron la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia (OCSO). Somos seguidores de la espiritualidad que San Benito dejó plasmada en su Regla escrita en el siglo VI y asumida por los primeros cistercienses desde la fundación de Císter en 1098.

La historia de nuestra comunidad es dilatada, pues sus orígenes remontan hacia 1150. El arte acumulado a lo largo de tantos siglos expresa, principalmente en la arquitectura, la vida del Espíritu que ha conformado nuestra existencia. Oración y trabajo, soledad interior y vida comunitaria, silencio que escucha y palabra que comparte y acoge, separación y solidaridad con el mundo, en especial con los pobres, serán las características que definan este modo de vida peculiar que no quiere separar lo humano de lo divino.

En la actualidad la comunidad de Sta. Mª de Huerta está formada por una veintena de monjes y tiene una fundación en el monasterio de Ntra. Sra. de MONTE SIÓN, a las afueras de Toledo. Esa vida que desea transmitir, también ha dado nuevos frutos en la Fraternidad de Laicos Cistercienses que se ha ido creando alrededor del monasterio y que viviendo en su condición secular quieren participar de su carisma.

La communauté de Santa María de Huerta est constituée de moines cisterciens de la branche qui créèrent en 1892, la OCSO (Ordre Cistercienne de la Stricte Observance). Ils se conforment a la Régle établie par Saint Benoît au sixième siècle et adoptée par le premiers cisterciens depuis la fondation de cet ordre.

L’histoire de cette communauté est ancienne puisque elle remonte a 1150. L’art accumule au fil de tant de siècles s'exprime principalement dans l architecture et la vie spirituelle qui sont en sont l'essence. La prière et le travail, la solitude et la vie en communauté, le silence et la parole, qui permettent l'écoute, le partage et l'accueil. L’isolement et la solidarité envers les autres, surtout les pauvres, sont les caractéristiques qui définissent ce mode de vie spécifique qui a pour fin de ne pas séparer l'humain du divin.

Actuellement, la communauté de Santa Maria de Huerta est composée d'une vingtaine de moines. Celle ci est en train de créer une nouvelle fondation, dans le Monastère de Notre Dame du Mont Sion, aux alentours de Tolède. Cet état d'esprit que souhaitent transmettre les moines, s’est étendu à des communautés laïques, crées autour des monastères,qui tout en menant une vie séculière, intègrent l'état d'esprit cistercien.

The monastery of Our Lady of Huerta is a community of Cistercian monks of the Strict Observance OCSO who follow the Rule of Saint Benedict, written in the 6th century. The Cistercian Order was founded in 1098.

Our Lady of Huerta has a long history, with its origin going back to 1150. Its art and architecture, accumulated down through the centuries, expresses the life of the Spirit that has shaped its existence. Prayer and work, inner solitude and community life, a silence that listens and a word of welcome, separation and solidarity with the world, especially the poor, are the characteristics of the community’s way of life, which seeks not to separate the human from the divine.

At present, the community of Our Lady of Huerta number approximately twenty monks. It has erected a new foundation, Our Lady of Mount Sion, on the outskirts of Toledo. This community’s life has also born fruit in a lay community that has grown up around the monastery and which, while living in ‘the world’, hopes to share in the Cistercian charisma.

«No anteponer nada al amor de Cristo»

Regla de San Benito LXXII,11.

«Si cuando queremos sugerir algo a hombres poderosos, no osamos hacerlo sino con humildad y reverencia, con cuánta mayor razón se ha de suplicar al Señor Dios de todas las cosas con toda humildad y pura devoción».

Regla de San Benito XX, 1-2

«No abandones en seguida, sobrecogido de temor, el camino de la salvación, que forzosamente ha de iniciarse con un comienzo estrecho. Mas, al progresar en la vida monástica y en la fe, ensanchado el corazón por la dulzura de un amor inefable, vuela el alma por el camino de los mandamientos de Dios»

Regla de San Benito, Prólogo, 48-49.

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