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Cursillo

Vida Monástica y Oración

Cursillo Cister

Se trata de dar a conocer la vida monástica y la oración a toda persona que esté interesada. Durante los tres días del cursillo los participantes pueden convivir con los monjes participando de su oración y de su trabajo.

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Comunidad

7 días en el monasterio

2 Monjes Arrodillados

¿Te interesa tener una experiencia de silencio y espiritualidad, de vida sencilla en armonía con uno mismo y con lo que nos rodea? La espiritualidad solo es real cuando se vive y nos transforma. Te ofrecemos esa posibilidad sin más pretensiones, con el deseo de compartir lo que hemos recibido. Una experiencia vivida desde dentro, con los monjes y como los monjes.

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Fraternidad

Los Laicos Cistercienses

Fraternidad Cister

Somos un grupo de cristianos, hombres y mujeres laicos, de diversas edades y condición, que aspiramos a vivir en la sociedad de acuerdo con el mensaje evangélico, basándonos en la espiritualidad y carisma cisterciense.

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Vocación

Monastica Cisterciense

Vocacion Cister2a

La vocación es Dios pidiendo permiso para caminar con nosotros y para que en nuestra vida hagamos su voluntad. En la medida en que uno se decide a dejarle sitio se va fortaleciendo la relación de amistad con Dios.

Y en esa amistad es donde se escucha la llamada. Y Dios se mete, no para, te busca, insiste... hasta que uno se decide por el sí o por el no.

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Descubrir el propio proyecto desde la fe, supone querer imitar a Jesús, vivir la experiencia de la amistad y de la compenetración con Jesús como amigo íntimo y salvador. Siempre cuenta con nosotros y no nos deja tranquilos, aunque respeta nuestra libertad


 

Sábado, 13 Junio 2020 15:58

SE 26 - La fe, como la humildad, doblega el corazón de Dios

Todos tendemos a beneficiar a los nuestros, a los de nuestro grupo. La cuestión es que unos tienen un grupo muy pequeño, mientras que otros, especialmente los que poseen un alma grande, tienen capacidad de verse en un grupo mucho más amplio. Priorizamos nuestra raza, nuestra fe, nuestra nación, nuestro club o a nuestros amigos y hermanos. Jesús era judío, pero su corazón era el corazón de Dios, por lo que su buena noticia estaba destinada a toda la humanidad, como lo estuvieron los milagros que realizó para confirmar su misión. Su grupo era, ante todo, el del género humano, sus hermanos. En esto se diferencia el hombre de Dios del hombre de iglesia, de credo o de simples ideales, cosas buenas mientras no desaparezca lo primero.

Ya vimos el milagro que realizó Jesús con el leproso judío que se le acercó. A continuación, vemos cómo es un centurión romano el que se acerca a Jesús para pedirle que sane a su criado. Se trataba de un pagano, de un no judío, que además pertenecía o servía al pueblo opresor de los romanos. Suficientes pretextos para justificar el no hacer nada, pero que no dejaron parado a Jesús.

Queda patente en la versión que nos da el evangelista Lucas ese sentido identitario que nos suele acompañar, tomando distancia de los otros. Aquí se dice que los judíos se acercaron a Jesús para avalar al centurión diciéndole: “Merece que se lo concedas, porque ama a nuestro pueblo, y él mismo nos ha edificado la sinagoga” (Lc 7, 4-5). Parece que había un motivo que justificaba el hacer algo por quien no es de los nuestros, pensaban los judíos. Pero no por esa interpretación interesada iba Jesús a dejar de hacer el signo que deseaba realizar.

Lo más hermoso del presente texto es la actitud de fe que impresiona a Jesús. De uno de su pueblo y de sus discípulos cabría esperar la fe en Jesús, pero lo que llama la atención es la fe del pagano. Hasta el punto de que el mismo Jesús reconoce no haber encontrado esa fe ni en su propio pueblo. Y remacha el clavo diciendo: “Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; en cambio, a los hijos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes” (Mt 8, 11-12).

A veces nos sentimos incómodos cuando se nos recuerdan los pecados de los cristianos, la corrupción de algunos prelados, la fe interesada de no pocos creyentes que no va más allá de un cumplimiento o expresión ritual. Nos enoja sobremanera, pues junto con eso sabemos que hay mucha bondad y santidad, que no damos más porque a veces no sabemos ni podemos, pero que en el fondo queremos seguir al Señor Jesús y tener un corazón dilatado como el de Dios. Oír esas palabras nos desaniman un poco, pues nos creemos de los buenos o, al menos, del grupo de Jesús. Si se nos recuerda que muchos que no son de los nuestros nos precederán en el reino de los cielos, después de las renuncias que hemos tenido que hacer, pues la verdad es que es para desanimarse. Pero está claro que es el mismo Jesús el que una y otra vez se queja de nuestra tibieza y de nuestra falta de fe: “Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande”.

Más nos vale recoger estos mensajes como discípulos dóciles, deseosos de aprender del Maestro. Si así nos enseña, por algo será. Quizá sea una invitación a darnos cuenta de que Dios es infinitamente más y muy diferente a como nosotros nos lo imaginamos. Que no debemos apropiarnos fácilmente del nombre de Dios, atribuyéndole nuestras palabras, pensamientos y deseos. Que ante Dios vale más callar y escuchar que hablar. Que su presencia desborda los límites que nosotros ponemos entre nosotros y los demás, pretendiendo que Dios esté siempre colocado de nuestra parte. Que probablemente la autenticidad de vida de muchos que no pertenecen a nuestro grupo, así como su entrega generosa a los más desfavorecidos, les hace obedientes a Jesús y a su evangelio sin saberlo siquiera. Que ellos también tienen que hacer muchas renuncias para vivir honestamente. En definitiva, que viven desde el corazón, que es lo que importa a Dios que nos invita a la conversión interior que va más allá del cumplimiento externo, aunque esto sea bueno mientras no se utilice para compararse con los demás o denigrarlos.

Es la actitud también del que acompaña a los otros con inmenso respeto, ayudándoles a descubrir la acción de Dios en ellos sin condenar a nadie apresuradamente al no percibir la presencia divina que nosotros consideramos debiera verse, ni imponerles nuestra percepción particular de la acción de la gracia o nuestra idea de Dios. Es la actitud del que conduce a los otros al Maestro sin pretender ocupar el lugar del Maestro. Es la actitud del que sabe, acepta y respeta que la gracia puede actuar de formas muy diversas en cada persona, adaptándose a su realidad y a su cultura.

La fe del centurión pagano no está asentada en principios teológicos, sino en una reflexión muy sencilla propia de su ámbito militar. Si él tiene cien soldados a sus órdenes que obedecen con rapidez a sus mandatos, quien viene en nombre de Dios tiene que ser obedecido con igual presteza por todo lo que está bajo la obra creadora de Dios. Fe simple, pero profunda. Fe que muchos estudiosos pudieran desdeñar, pero que resultó grata a Jesús, que ve el corazón y no se deja condicionar por las apariencias. Es lo que a veces constatamos en gente ruda y sencilla, pero con una fe que nos interpela. Algunos pudieran pensar que se trata de simples crédulos, o, quizás, nos cuestionamos la autenticidad de esa fe por pensar que no se puede dar en una persona con tantas carencias o deficiencias morales. Pero es que la acción de Dios siempre nos desborda y sorprende.

Cuando Jesús despide al centurión lo hace de una forma que se repite en otros pasajes evangélicos y que nos sirve para evaluar nuestra fe: “Vete; que te suceda según has creído”. Y en aquel momento se puso bueno el criado. Supongamos que esas palabras se nos dicen a nosotros. Pedimos algo al Señor y escuchamos esa frase, pero vemos que no sucede nada. Si nuestra petición no se cumple, ¿podemos decir que nos falta fe?, ¿o quizá tendremos que salir en defensa del Señor y justificar sus palabras tan poco efectivas? No lo sé sinceramente. Lo que sí sé es que esas palabras son una invitación para que reflexionemos sobre cómo es nuestra fe, sin olvidar que el ser escuchados por Dios no significa obtener la literalidad de lo que le pedimos, sino el sentido profundo de nuestra petición. Cuando pedimos algo es porque lo consideramos bueno, algo que nos hace bien. Sin duda que Dios nos escucha esa petición, aunque no la concreción exacta que nosotros le proponemos, que en el fondo es un simple “quítanos la molestia que nos está fastidiando”. Pero ¿tendremos la suficiente fe como para creérnoslo y acoger esa forma de actuar de la Providencia?

La fe que Dios nos pide no creo que sea la del fanático que se bebe una botella de lejía con el convencimiento que no le pasará nada porque cree que no le pasará nada. La fe es adhesión a la persona de Jesús y confianza en él, no autosugestión temeraria ni mero cumplimiento exacto de todo lo escrito. Por eso muchos de los nuestros y de los que no son de los nuestros pueden estar en el camino del reino, aunque no sean igual que nosotros.

Nuestra comunidad está formada por monjes cistercienses de la rama que en 1892 constituyeron la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia (OCSO). Somos seguidores de la espiritualidad que San Benito dejó plasmada en su Regla escrita en el siglo VI y asumida por los primeros cistercienses desde la fundación de Císter en 1098.

La historia de nuestra comunidad es dilatada, pues sus orígenes remontan hacia 1150. El arte acumulado a lo largo de tantos siglos expresa, principalmente en la arquitectura, la vida del Espíritu que ha conformado nuestra existencia. Oración y trabajo, soledad interior y vida comunitaria, silencio que escucha y palabra que comparte y acoge, separación y solidaridad con el mundo, en especial con los pobres, serán las características que definan este modo de vida peculiar que no quiere separar lo humano de lo divino.

En la actualidad la comunidad de Sta. Mª de Huerta está formada por una veintena de monjes y tiene una fundación en el monasterio de Ntra. Sra. de MONTE SIÓN, a las afueras de Toledo. Esa vida que desea transmitir, también ha dado nuevos frutos en la Fraternidad de Laicos Cistercienses que se ha ido creando alrededor del monasterio y que viviendo en su condición secular quieren participar de su carisma.

La communauté de Santa María de Huerta est constituée de moines cisterciens de la branche qui créèrent en 1892, la OCSO (Ordre Cistercienne de la Stricte Observance). Ils se conforment a la Régle établie par Saint Benoît au sixième siècle et adoptée par le premiers cisterciens depuis la fondation de cet ordre.

L’histoire de cette communauté est ancienne puisque elle remonte a 1150. L’art accumule au fil de tant de siècles s'exprime principalement dans l architecture et la vie spirituelle qui sont en sont l'essence. La prière et le travail, la solitude et la vie en communauté, le silence et la parole, qui permettent l'écoute, le partage et l'accueil. L’isolement et la solidarité envers les autres, surtout les pauvres, sont les caractéristiques qui définissent ce mode de vie spécifique qui a pour fin de ne pas séparer l'humain du divin.

Actuellement, la communauté de Santa Maria de Huerta est composée d'une vingtaine de moines. Celle ci est en train de créer une nouvelle fondation, dans le Monastère de Notre Dame du Mont Sion, aux alentours de Tolède. Cet état d'esprit que souhaitent transmettre les moines, s’est étendu à des communautés laïques, crées autour des monastères,qui tout en menant une vie séculière, intègrent l'état d'esprit cistercien.

The monastery of Our Lady of Huerta is a community of Cistercian monks of the Strict Observance OCSO who follow the Rule of Saint Benedict, written in the 6th century. The Cistercian Order was founded in 1098.

Our Lady of Huerta has a long history, with its origin going back to 1150. Its art and architecture, accumulated down through the centuries, expresses the life of the Spirit that has shaped its existence. Prayer and work, inner solitude and community life, a silence that listens and a word of welcome, separation and solidarity with the world, especially the poor, are the characteristics of the community’s way of life, which seeks not to separate the human from the divine.

At present, the community of Our Lady of Huerta number approximately twenty monks. It has erected a new foundation, Our Lady of Mount Sion, on the outskirts of Toledo. This community’s life has also born fruit in a lay community that has grown up around the monastery and which, while living in ‘the world’, hopes to share in the Cistercian charisma.

«No anteponer nada al amor de Cristo»

Regla de San Benito LXXII,11.

«Si cuando queremos sugerir algo a hombres poderosos, no osamos hacerlo sino con humildad y reverencia, con cuánta mayor razón se ha de suplicar al Señor Dios de todas las cosas con toda humildad y pura devoción».

Regla de San Benito XX, 1-2

«No abandones en seguida, sobrecogido de temor, el camino de la salvación, que forzosamente ha de iniciarse con un comienzo estrecho. Mas, al progresar en la vida monástica y en la fe, ensanchado el corazón por la dulzura de un amor inefable, vuela el alma por el camino de los mandamientos de Dios»

Regla de San Benito, Prólogo, 48-49.

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