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Cursillo

Vida Monástica y Oración

Cursillo Cister

Se trata de dar a conocer la vida monástica y la oración a toda persona que esté interesada. Durante los tres días del cursillo los participantes pueden convivir con los monjes participando de su oración y de su trabajo.

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Comunidad

7 días en el monasterio

2 Monjes Arrodillados

¿Te interesa tener una experiencia de silencio y espiritualidad, de vida sencilla en armonía con uno mismo y con lo que nos rodea? La espiritualidad solo es real cuando se vive y nos transforma. Te ofrecemos esa posibilidad sin más pretensiones, con el deseo de compartir lo que hemos recibido. Una experiencia vivida desde dentro, con los monjes y como los monjes.

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Fraternidad

Los Laicos Cistercienses

Fraternidad Cister

Somos un grupo de cristianos, hombres y mujeres laicos, de diversas edades y condición, que aspiramos a vivir en la sociedad de acuerdo con el mensaje evangélico, basándonos en la espiritualidad y carisma cisterciense.

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Vocación

Monastica Cisterciense

Vocacion Cister2a

La vocación es Dios pidiendo permiso para caminar con nosotros y para que en nuestra vida hagamos su voluntad. En la medida en que uno se decide a dejarle sitio se va fortaleciendo la relación de amistad con Dios.

Y en esa amistad es donde se escucha la llamada. Y Dios se mete, no para, te busca, insiste... hasta que uno se decide por el sí o por el no.

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Descubrir el propio proyecto desde la fe, supone querer imitar a Jesús, vivir la experiencia de la amistad y de la compenetración con Jesús como amigo íntimo y salvador. Siempre cuenta con nosotros y no nos deja tranquilos, aunque respeta nuestra libertad


 

Sábado, 16 Mayo 2020 16:07

SE 22 - Cómo desenmascarar la mentira

En la época de la posverdad en la que vivimos, en el tiempo de las fake news o noticias falsas que se divulgan con inusitada rapidez a través de las redes sociales e Internet en general, la advertencia del Señor en el evangelio resulta de rabiosa actualidad: Guardaos de los profetas falsos; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces (Mt 7, 15). Es triste ver cómo se destruye la inocencia de un niño que todo se lo cree hasta que experimenta la frustración del engaño. Incluso nos reímos de su inocencia tachándola de ingenuidad, como si de un mal pasajero se tratase. La predilección del Señor Jesús por los niños es la predilección por su inocencia que refleja la bondad de Dios. Pero, desgraciadamente, debemos vivir como ovejas en medio de lobos, sencillos en medio de la doblez. Debemos mantener la sencillez, pero sin dejar la prudencia, hasta que un día podamos ser sencillos sin defensas.

La mentira nunca es inocente ni gratuita, siempre tiene una intencionalidad. El amor sí es gratuito, sabe darse a fondo perdido sin buscar recompensa. La mentira y el disimulo, por el contrario, buscan un beneficio a costa del otro. Si el amor se fija en el bien ajeno, la mentira busca engañar para obtener un bien en favor propio. Se busca seducir al pueblo con apariencia de verdad y promesas que halagan el oído para obtener algún beneficio de él. Es lo que hacen algunos políticos, pero también muchos poderosos en cualquier ámbito, a veces incluso en el religioso. Lo peor de todo es que termina siendo una mentalidad que se instala en la sociedad, considerando normal el engaño para obtener algún resultado, ensalzando la astuta habilidad del que lo realiza y tildando de pardillo al que se deja engañar. Y todavía más, nosotros mismos podemos vivir en un autoengaño tranquilizador sin darnos cuenta del mal que nos hace por mucho que nos deje dormir en la oscuridad.

En este pasaje evangélico Jesús se refiere directamente a los que se aprovechan de los demás utilizando palabras espirituales. Son malos y quieren pasar por buenos, abusando de la bondad de la gente. Una estafa, en resumidas cuentas. Son gente que toman el nombre de Dios en vano, usurpan el nombre de Dios llegando a hacerse pasar por el Mesías, únicos portadores de la voluntad divina, como nos recordará también el mismo Jesús: “Mirad que no os engañe nadie. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: ‘Yo soy el Mesías’, y engañarán a muchos (Mt 24, 4s).

¿Cómo desenmascarar a esos falsos profetas? Jesús nos ofrece un método bastante efectivo: Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos (Mt 7, 16s. 12, 33). La experiencia nos enseña que eso es verdad. Al final, el tiempo y la convivencia nos descubren lo que somos cada uno, pues quien está dañado por dentro hará daño y sembrará el mal, mientras que el bondadoso será reconocido como tal más allá de sus errores ocasionales o su fea apariencia.

Los frutos nos ayudan a desenmascarar a los otros y a nosotros mismos. El pecado siempre nos acompañará, como todo árbol sano da algún que otro fruto dañado. Pero si nos hemos dejado corromper, ¿qué fruto puede salir de nosotros? Nadie es bueno o malo de la noche a la mañana. El mal siempre parece inofensivo y controlable cuando empieza a crecer, pero en el momento en el que se apodera de nosotros se caracteriza porque nos ciega, impidiéndonos distinguir la luz de la oscuridad, la verdad de la mentira, llamando faltas leves a las actitudes que nos van corrompiendo. Es la forma que tiene de actuar el mal y los falsos profetas, lobos disfrazados de corderos. Es lo que también llegaba a escandalizar a Jesús que exclamó: Raza de víboras, ¿cómo podéis decir cosas buenas si sois malos? Porque de lo que rebosa el corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro saca cosas buenas y el hombre malo, del tesoro malo saca cosas malas. Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio. Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado (Mt 12, 34-37). ¿Cómo es posible que algunos que pretenden hablar de espiritualidad tengan luego una lengua tan viperina y dañina para con sus hermanos y se queden tan tranquilos? Juan el Bautista les increpaba cuando los veía venir para bautizarse y quedar limpios así de un pecado que no habían lavado primero en su corazón: Viendo venir a él muchos fariseos y saduceos al bautismo, les dijo: “Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira inminente? Dad, pues, fruto digno de conversión, y no creáis que basta con decir en vuestro interior: ‘Tenemos por padre a Abraham’” (Mt 3, 7-9).

¿Y para qué sirve un frutal que no da fruto? Se le tala para que al menos sirva para leña, dice Jesús. Otro problema que tenemos es que no sabemos muy bien distinguir entre el fruto bueno que salva al árbol y el fruto malo que lo condena a ser talado. Si creo que el fruto bueno consiste en adquirir mucha ciencia y me topo con un zoquete, probablemente desearé en mi corazón talarle por no dar el fruto adecuado. Igual sucede cuando juzgo a los demás con criterios demasiado superficiales, deseando que todos aquellos que no actúen según mis criterios, o que simplemente me molesten, sean despedidos talándolos de la comunidad. O puede también que lleguemos a pensar que en los tiempos de desierto vocacional o de falta de fe en la sociedad, estemos todos un poco podridos y nos deban talar. Sin embargo, dudo mucho que el Señor se fije en esos frutos. Los frutos que él quiere que demos son los frutos de las buenas obras, los frutos del espíritu, aunque se vean pocas manzanas colgadas del árbol. Lo importante es que sea un árbol lleno de vida interior del que tarde o temprano brotarán los frutos como brotaron del Resucitado clavado previamente en un leño seco.

También Jesús nos recuerda que vendrán momentos difíciles, pero que no debemos ponernos nerviosos: Oiréis también hablar de guerras y de rumores de guerras. ¡Cuidado, no os alarméis!, porque todo esto ha de suceder… Aparecerán muchos falsos profetas y engañarán a mucha gente, y, al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría; pero el que persevere hasta el final se salvará (Mt 24). Busquemos dar de estos frutos buenos del espíritu, lo que será signo de que nuestro árbol se mantiene saludable, y no nos dejemos llevar por las mentiras que nos prometen los falsos profetas alejándonos del evangelio y del camino del Señor Jesús en nuestras vidas.

Nuestra comunidad está formada por monjes cistercienses de la rama que en 1892 constituyeron la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia (OCSO). Somos seguidores de la espiritualidad que San Benito dejó plasmada en su Regla escrita en el siglo VI y asumida por los primeros cistercienses desde la fundación de Císter en 1098.

La historia de nuestra comunidad es dilatada, pues sus orígenes remontan hacia 1150. El arte acumulado a lo largo de tantos siglos expresa, principalmente en la arquitectura, la vida del Espíritu que ha conformado nuestra existencia. Oración y trabajo, soledad interior y vida comunitaria, silencio que escucha y palabra que comparte y acoge, separación y solidaridad con el mundo, en especial con los pobres, serán las características que definan este modo de vida peculiar que no quiere separar lo humano de lo divino.

En la actualidad la comunidad de Sta. Mª de Huerta está formada por una veintena de monjes y tiene una fundación en el monasterio de Ntra. Sra. de MONTE SIÓN, a las afueras de Toledo. Esa vida que desea transmitir, también ha dado nuevos frutos en la Fraternidad de Laicos Cistercienses que se ha ido creando alrededor del monasterio y que viviendo en su condición secular quieren participar de su carisma.

La communauté de Santa María de Huerta est constituée de moines cisterciens de la branche qui créèrent en 1892, la OCSO (Ordre Cistercienne de la Stricte Observance). Ils se conforment a la Régle établie par Saint Benoît au sixième siècle et adoptée par le premiers cisterciens depuis la fondation de cet ordre.

L’histoire de cette communauté est ancienne puisque elle remonte a 1150. L’art accumule au fil de tant de siècles s'exprime principalement dans l architecture et la vie spirituelle qui sont en sont l'essence. La prière et le travail, la solitude et la vie en communauté, le silence et la parole, qui permettent l'écoute, le partage et l'accueil. L’isolement et la solidarité envers les autres, surtout les pauvres, sont les caractéristiques qui définissent ce mode de vie spécifique qui a pour fin de ne pas séparer l'humain du divin.

Actuellement, la communauté de Santa Maria de Huerta est composée d'une vingtaine de moines. Celle ci est en train de créer une nouvelle fondation, dans le Monastère de Notre Dame du Mont Sion, aux alentours de Tolède. Cet état d'esprit que souhaitent transmettre les moines, s’est étendu à des communautés laïques, crées autour des monastères,qui tout en menant une vie séculière, intègrent l'état d'esprit cistercien.

The monastery of Our Lady of Huerta is a community of Cistercian monks of the Strict Observance OCSO who follow the Rule of Saint Benedict, written in the 6th century. The Cistercian Order was founded in 1098.

Our Lady of Huerta has a long history, with its origin going back to 1150. Its art and architecture, accumulated down through the centuries, expresses the life of the Spirit that has shaped its existence. Prayer and work, inner solitude and community life, a silence that listens and a word of welcome, separation and solidarity with the world, especially the poor, are the characteristics of the community’s way of life, which seeks not to separate the human from the divine.

At present, the community of Our Lady of Huerta number approximately twenty monks. It has erected a new foundation, Our Lady of Mount Sion, on the outskirts of Toledo. This community’s life has also born fruit in a lay community that has grown up around the monastery and which, while living in ‘the world’, hopes to share in the Cistercian charisma.

«No anteponer nada al amor de Cristo»

Regla de San Benito LXXII,11.

«Si cuando queremos sugerir algo a hombres poderosos, no osamos hacerlo sino con humildad y reverencia, con cuánta mayor razón se ha de suplicar al Señor Dios de todas las cosas con toda humildad y pura devoción».

Regla de San Benito XX, 1-2

«No abandones en seguida, sobrecogido de temor, el camino de la salvación, que forzosamente ha de iniciarse con un comienzo estrecho. Mas, al progresar en la vida monástica y en la fe, ensanchado el corazón por la dulzura de un amor inefable, vuela el alma por el camino de los mandamientos de Dios»

Regla de San Benito, Prólogo, 48-49.

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