Este sitio usa cookies y tecnologías similares. Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso.

Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso.

Acepto

Teléfono: +34 975 327 002 :: Email: huerta@planalfa.es

Cursillo

Vida Monástica y Oración

Cursillo Cister

Se trata de dar a conocer la vida monástica y la oración a toda persona que esté interesada. Durante los tres días del cursillo los participantes pueden convivir con los monjes participando de su oración y de su trabajo.

Leer Más [+]

Comunidad

7 días en el monasterio

2 Monjes Arrodillados

¿Te interesa tener una experiencia de silencio y espiritualidad, de vida sencilla en armonía con uno mismo y con lo que nos rodea? La espiritualidad solo es real cuando se vive y nos transforma. Te ofrecemos esa posibilidad sin más pretensiones, con el deseo de compartir lo que hemos recibido. Una experiencia vivida desde dentro, con los monjes y como los monjes.

Leer Más [+]

Fraternidad

Los Laicos Cistercienses

Fraternidad Cister

Somos un grupo de cristianos, hombres y mujeres laicos, de diversas edades y condición, que aspiramos a vivir en la sociedad de acuerdo con el mensaje evangélico, basándonos en la espiritualidad y carisma cisterciense.

Leer Más [+]

Vocación

Monastica Cisterciense

Vocacion Cister2a

La vocación es Dios pidiendo permiso para caminar con nosotros y para que en nuestra vida hagamos su voluntad. En la medida en que uno se decide a dejarle sitio se va fortaleciendo la relación de amistad con Dios.

Y en esa amistad es donde se escucha la llamada. Y Dios se mete, no para, te busca, insiste... hasta que uno se decide por el sí o por el no.

Leer Más [+]

Descubrir el propio proyecto desde la fe, supone querer imitar a Jesús, vivir la experiencia de la amistad y de la compenetración con Jesús como amigo íntimo y salvador. Siempre cuenta con nosotros y no nos deja tranquilos, aunque respeta nuestra libertad


 

Sábado, 02 Mayo 2020 17:14

SE 20 - Trata al otro como te gustaría ser tratado, el resto de la Ley es comentario

Hay una sentencia de Jesús que es llamada con frecuencia la “regla de oro” y que encontramos también en otras corrientes religiosas. Se trata de una sabia norma de convivencia: “tratar a los demás como nosotros queremos ser tratados”.

En la Antigüedad y en el judaísmo se conocía esta máxima sobre todo en su forma negativa: No hagas a nadie lo que no quieras que te hagan a ti (Tob 4, 15). Idea que se seguirá recogiendo en algunos escritos cristianos primitivos, como la Didajé: “Todo cuanto quisieres que no te suceda a ti, no lo hagas tú a los demás” (Didajé 1, 2). El evangelio le da la vuelta para ponerlo en positivo: Así, pues, todo lo que queráis que haga la gente con vosotros, hacedlo vosotros con ella; pues esta es la Ley y los Profetas (Mt 7, 12). Aspecto que también llegamos a encontrar en el AT: Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Lv 19, 18). En relación con esto es conocida la frase atribuida a Rabbí Hillel respondiendo a un discípulo que le pidió le resumiera toda la Ley mientras él se mantenía apoyado en un solo pie: “Lo que te desagrada no lo hagas a otro. Esto es toda la Ley; el resto es comentario”.

Las ideas llegan al corazón cuando son sencillas, claras y contundentes. Todos sabemos cómo nos gustaría ser tratados, pues tratemos así a los demás, esa es la síntesis de todos los mandamientos, algo común también a otras muchas tradiciones religiosas, especialmente las monoteístas. Todos tenemos derecho al amor como hijos de Dios. Una visión diferente a la de aquellos ámbitos religiosos más clasistas donde se atribuye al individuo la responsabilidad de sus males como consecuencia de una vida anterior de pecado suyo o de sus padres (judíos: ciego de nacimiento), o por una reencarnación lamentable tras una vida anterior reprensible. Una visión peligrosa de la que tampoco nosotros estamos completamente libres, pues podemos justificar el no ayudar a los demás atribuyéndoles responsabilidad sobre su situación.

Más allá de esas justificaciones para desentendernos del hermano, Jesús es claro: tratad a los demás como queráis que ellos os traten y no hagáis el mal que no os gustaría que os hicieran, así estaréis cumpliendo los mandamientos de Dios, al menos en nuestro trato con el prójimo. Si eso es así, sabremos cómo actuar cuando vemos que alguien hace algo bueno o malo. ¿Me callo su buena acción? ¿Publico sus caídas? Con esta norma general no nos resultará muy difícil saber lo que tenemos que hacer en cada momento, aunque no lo hagamos.

Es muy importante saber que esto es lo principal de la ley. Está bien que busquemos mejorar en la forma de hacer las cosas, pero lo primero es ver cómo mejoramos en el amor, en nuestra relación con los otros. Una vez que estemos bien centrados en esto, nuestro empeño por mejorar en lo demás será más auténtico. Y una cosa podemos tener segura, si vivimos el amor fraterno como nos dice Jesús, estaremos viviendo el amor de Dios, como nos decía San Ireneo en su famosa frase: “La gloria de Dios consiste en que el hombre viva”. Seamos causa de vida para los demás, incluso para los que han caído, y no causa de tropiezo para el que se tambalea. Nuestra vida de oración será el momento propicio para comprender todo esto y hacerlo nuestro mediante la transformación del corazón.

Sin embargo, la experiencia nos hace constatar que tenemos deseos buenos, pero nuestro corazón es duro y no aprendemos con facilidad. Un ejemplo de la vida cotidiana lo tenemos en los juicios que hacemos de los demás en el trabajo que desempeñan. Muchas veces me he dicho que es bueno que todos pasemos por los cargos de todos para darnos cuenta de lo que supone cada cargo y evitar así la crítica fácil de los demás. Pero la experiencia me dice que eso no basta, ni mucho menos. Si no cambiamos el corazón, la mera experiencia no nos enseña. Uno puede criticar a otro que su trabajo no es para tanto, que parece mentira que no colabore más en los trabajos comunes, pues seguro que le sobra tiempo, etc. Llega un día en que este hermano que critica le toca desempeñar el cargo del criticado y quizá empiece a comprender algunas cosas, pero enseguida comenzará a actuar como el otro hermano, y si le haces ver que está haciendo lo mismo, te dirá que las cosas son diferentes, que él tiene otras cosas que hacer, que dedica más tiempo, etc., sin darse cuenta de que al anterior le sucedía lo mismo. No basta con pasar por la misma situación si no purificamos la mirada y el corazón. Ante esa actitud muchas veces lo mejor es el silencio, pues si el Señor no abre los ojos y uno mismo no abre el oído del corazón, lo que se le diga no provocará más que irritación, pues notas que está muy a gusto viviendo encerrado en su cascarón de incienso y victimismo, con la certeza de que los demás no le comprenden y son culpables. Cuando no hay humildad, los avisos no se aceptan o se reciben como agresiones.

La humildad es el mejor camino para comprender y vivir la “regla de oro” evangélica que acabamos de ver. El soberbio vive encerrado en sí mismo y solo es sensible a lo que le afecta. El humilde vive olvidado de sí y es sensible a lo que el otro padece porque lo siente como propio, no como diferente ante el que se compara.

El amor es difícil, bien lo sabemos, porque tiene mucho de renuncia personal. No es tan fácil amar al prójimo como a uno mismo porque no es tan fácil sabernos un solo cuerpo para acogerlo como a uno mismo. Por eso el Señor nos habla de la puerta estrecha, es decir, que debemos hacer contorsionismo y adelgazar si tenemos sobrepeso de nosotros mismos. Entrad por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! (Mt 7, 13-14). Esta es la doctrina de los dos caminos, un tema muy extendido en el judaísmo y que pasó al cristianismo primitivo con fuerza.

Nuestra comunidad está formada por monjes cistercienses de la rama que en 1892 constituyeron la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia (OCSO). Somos seguidores de la espiritualidad que San Benito dejó plasmada en su Regla escrita en el siglo VI y asumida por los primeros cistercienses desde la fundación de Císter en 1098.

La historia de nuestra comunidad es dilatada, pues sus orígenes remontan hacia 1150. El arte acumulado a lo largo de tantos siglos expresa, principalmente en la arquitectura, la vida del Espíritu que ha conformado nuestra existencia. Oración y trabajo, soledad interior y vida comunitaria, silencio que escucha y palabra que comparte y acoge, separación y solidaridad con el mundo, en especial con los pobres, serán las características que definan este modo de vida peculiar que no quiere separar lo humano de lo divino.

En la actualidad la comunidad de Sta. Mª de Huerta está formada por una veintena de monjes y tiene una fundación en el monasterio de Ntra. Sra. de MONTE SIÓN, a las afueras de Toledo. Esa vida que desea transmitir, también ha dado nuevos frutos en la Fraternidad de Laicos Cistercienses que se ha ido creando alrededor del monasterio y que viviendo en su condición secular quieren participar de su carisma.

La communauté de Santa María de Huerta est constituée de moines cisterciens de la branche qui créèrent en 1892, la OCSO (Ordre Cistercienne de la Stricte Observance). Ils se conforment a la Régle établie par Saint Benoît au sixième siècle et adoptée par le premiers cisterciens depuis la fondation de cet ordre.

L’histoire de cette communauté est ancienne puisque elle remonte a 1150. L’art accumule au fil de tant de siècles s'exprime principalement dans l architecture et la vie spirituelle qui sont en sont l'essence. La prière et le travail, la solitude et la vie en communauté, le silence et la parole, qui permettent l'écoute, le partage et l'accueil. L’isolement et la solidarité envers les autres, surtout les pauvres, sont les caractéristiques qui définissent ce mode de vie spécifique qui a pour fin de ne pas séparer l'humain du divin.

Actuellement, la communauté de Santa Maria de Huerta est composée d'une vingtaine de moines. Celle ci est en train de créer une nouvelle fondation, dans le Monastère de Notre Dame du Mont Sion, aux alentours de Tolède. Cet état d'esprit que souhaitent transmettre les moines, s’est étendu à des communautés laïques, crées autour des monastères,qui tout en menant une vie séculière, intègrent l'état d'esprit cistercien.

The monastery of Our Lady of Huerta is a community of Cistercian monks of the Strict Observance OCSO who follow the Rule of Saint Benedict, written in the 6th century. The Cistercian Order was founded in 1098.

Our Lady of Huerta has a long history, with its origin going back to 1150. Its art and architecture, accumulated down through the centuries, expresses the life of the Spirit that has shaped its existence. Prayer and work, inner solitude and community life, a silence that listens and a word of welcome, separation and solidarity with the world, especially the poor, are the characteristics of the community’s way of life, which seeks not to separate the human from the divine.

At present, the community of Our Lady of Huerta number approximately twenty monks. It has erected a new foundation, Our Lady of Mount Sion, on the outskirts of Toledo. This community’s life has also born fruit in a lay community that has grown up around the monastery and which, while living in ‘the world’, hopes to share in the Cistercian charisma.

«No anteponer nada al amor de Cristo»

Regla de San Benito LXXII,11.

«Si cuando queremos sugerir algo a hombres poderosos, no osamos hacerlo sino con humildad y reverencia, con cuánta mayor razón se ha de suplicar al Señor Dios de todas las cosas con toda humildad y pura devoción».

Regla de San Benito XX, 1-2

«No abandones en seguida, sobrecogido de temor, el camino de la salvación, que forzosamente ha de iniciarse con un comienzo estrecho. Mas, al progresar en la vida monástica y en la fe, ensanchado el corazón por la dulzura de un amor inefable, vuela el alma por el camino de los mandamientos de Dios»

Regla de San Benito, Prólogo, 48-49.

banner 16

monasterios con hospederia