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Cursillo

Vida Monástica y Oración

Cursillo Cister

Se trata de dar a conocer la vida monástica y la oración a toda persona que esté interesada. Durante los tres días del cursillo los participantes pueden convivir con los monjes participando de su oración y de su trabajo.

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Comunidad

7 días en el monasterio

2 Monjes Arrodillados

¿Te interesa tener una experiencia de silencio y espiritualidad, de vida sencilla en armonía con uno mismo y con lo que nos rodea? La espiritualidad solo es real cuando se vive y nos transforma. Te ofrecemos esa posibilidad sin más pretensiones, con el deseo de compartir lo que hemos recibido. Una experiencia vivida desde dentro, con los monjes y como los monjes.

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Fraternidad

Los Laicos Cistercienses

Fraternidad Cister

Somos un grupo de cristianos, hombres y mujeres laicos, de diversas edades y condición, que aspiramos a vivir en la sociedad de acuerdo con el mensaje evangélico, basándonos en la espiritualidad y carisma cisterciense.

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Vocación

Monastica Cisterciense

Vocacion Cister2a

La vocación es Dios pidiendo permiso para caminar con nosotros y para que en nuestra vida hagamos su voluntad. En la medida en que uno se decide a dejarle sitio se va fortaleciendo la relación de amistad con Dios.

Y en esa amistad es donde se escucha la llamada. Y Dios se mete, no para, te busca, insiste... hasta que uno se decide por el sí o por el no.

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Descubrir el propio proyecto desde la fe, supone querer imitar a Jesús, vivir la experiencia de la amistad y de la compenetración con Jesús como amigo íntimo y salvador. Siempre cuenta con nosotros y no nos deja tranquilos, aunque respeta nuestra libertad


 

Sábado, 11 Abril 2020 16:55

SE 17 - Al juzgar, nos juzgamos

Hace años leí un estudio de psicología en el que se aseguraba que casi el 75% de lo que hablamos es sobre los demás, especialmente para criticarlos. ¿Por qué ese afán de juzgar a los otros? Pienso que hay sólidas razones de tipo psicológico. Al ser nosotros personas en relación tendemos a compararnos, y al necesitar defender nuestro ego, tendemos a criticar para abajar al otro cuando me siento inferior. Es penoso, pues sería mucho mejor buscar crecer sin compararse con los demás y sentir las virtudes de los otros como propias al saberme un mismo cuerpo con ellos, pero tristemente solemos coger el camino de la crítica y manifestar nuestra incomodidad con las actuaciones que no nos gustan de los demás.

Jesús nos pone delante de nuestra actitud: ¿Cómo es que miras la mota que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo? Ni siquiera entra a valorar las razones que podamos tener al juzgar al hermano, en lo veraz o equivocado de nuestra acusación. Simplemente nos dice que siendo nosotros igual o más pecadores que ellos, no tenemos ninguna autoridad para juzgarlos. Es bueno recordar esto, pues en mi experiencia cuando intento corregir el juicio severo de uno para con otro, casi siempre me encuentro con la misma expresión: “¿Es que no llevo razón? ¿Es que hay que dejar hacer al otro lo que quiera?”. Y todo por dejarse llevar del propio enojo sin atender a las palabras del Maestro: “¿Cómo te atreves siquiera a juzgar a tu hermano cuando tú haces lo mismo y aún cosas peores?”. Ya se puede decir lo que se quiera que, tristemente, será inútil si la persona no ha hecho previamente un camino interior que le dé una mirada contemplativa capaz de ser más severo con sus propias faltas y más misericordioso con las ajenas. Pero habrá que seguir intentándolo.

Jesús trata de hacernos comprender que teniendo una viga en nuestro ojo no vamos a tener la visión adecuada para sacar la mota que tiene el hermano en su ojo. Parece algo obvio, pero nos cuesta aceptarlo, pues no nos movemos desde la razón o desde el corazón, sino desde las tripas, el enojo, la impaciencia y la necesidad de resaltar el pecado ajeno para aligerar el nuestro. Ante eso, las palabras de Jesús no tendrán eco salvo que hagamos silencio y nos pongamos a escucharle de corazón.

Si Jesús llama hipócrita al que actúa así, es porque realmente lo es. Fijémonos que Jesús no nos recrimina por llamar la atención al hermano ante una acción mala, sino por juzgar y tratar de extirpar nosotros mismos su falta. Avisarnos mutuamente de nuestras faltas más graves es una recomendación que el mismo Jesús nos hace cuando nos dijo: Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano (Mt 18, 15). Se trata de las faltas que llegan a ser pecado que daña al hermano, no las cosas que me molestan de él, y que quisiera cambiara para no tener que ejercitarme en la paciencia. Además, el Señor quiere atajar ese afán que tenemos de que el otro se corrija recordándonos que es más importante que nos empeñemos primeramente en la propia conversión para poder ayudar con verdadero amor al que anda descarriado.

En cualquier caso, no nos toca a nosotros juzgar, únicamente intentar salvar. Juzgar supone una valoración de intenciones y una condena. Eso no lo podemos hacer de ningún modo. A nosotros no nos corresponde valorar las intenciones del hermano, ni mucho menos condenarlo. Solo si vivimos en la humildad, el juicio se apartará de nosotros. El soberbio, por el contrario, estará siempre pronto para juzgar, pues se cree superior. A veces su juicio será explícito, pero otras muchas veces actuará en la sombra, conformándose con la murmuración, trayendo y llevando chismes y críticas sin dar siquiera la cara. Quien así actúa no es consciente del gravísimo daño que hace en la comunidad y a sí mismo. Se mina la reputación de los hermanos y se incita a pensar mal los unos de los otros, doblegando la benevolencia de los más débiles. Con frecuencia es una actitud que se transforma en costumbre y refleja los propios complejos y el vacío espiritual en el que se vive. Ese sí es un pecado detestable y muy dañino. También para el que lo fomenta, pues el mismo Jesús nos dice que seremos juzgados con la benevolencia o la malevolencia que tengamos en nuestros juicios.

No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá, nos dice Jesús. Es una amenaza y una oportunidad. Si juzgamos y condenamos, tendremos asegurada nuestra condenación. Si evitamos juzgar y condenar, tenemos asegurada la misericordia para con nosotros, pues el Señor no puede faltar a su promesa.

Y aún así, no aprendemos. Eso solo es posible por nuestra inconsciencia y mala costumbre. Pero no olvidemos que los hábitos positivos también se adquieren con la práctica. Si nos acostumbramos a resaltar lo bueno de los hermanos, a hacer juicios positivos y magnánimos, irá cambiando nuestra actitud y la de los demás en la comunidad. Con mucha frecuencia el futuro lo vamos creando con nuestras actitudes positivas o negativas. Esto es una verdad contrastada. Los acontecimientos no son tan importantes. La actitud ante los acontecimientos es lo que crea vida o muerte. Nos puede tocar la lotería y generarse en medio de nosotros la sospecha y la rivalidad. Nos puede ocurrir una desgracia y fomentarse entre nosotros el deseo de colaboración, la entrega personal y el trabajo gratuito por los demás. Nosotros elegimos entre la vida y la muerte de nuestra alma y del alma de la comunidad.

Nuestra comunidad está formada por monjes cistercienses de la rama que en 1892 constituyeron la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia (OCSO). Somos seguidores de la espiritualidad que San Benito dejó plasmada en su Regla escrita en el siglo VI y asumida por los primeros cistercienses desde la fundación de Císter en 1098.

La historia de nuestra comunidad es dilatada, pues sus orígenes remontan hacia 1150. El arte acumulado a lo largo de tantos siglos expresa, principalmente en la arquitectura, la vida del Espíritu que ha conformado nuestra existencia. Oración y trabajo, soledad interior y vida comunitaria, silencio que escucha y palabra que comparte y acoge, separación y solidaridad con el mundo, en especial con los pobres, serán las características que definan este modo de vida peculiar que no quiere separar lo humano de lo divino.

En la actualidad la comunidad de Sta. Mª de Huerta está formada por una veintena de monjes y tiene una fundación en el monasterio de Ntra. Sra. de MONTE SIÓN, a las afueras de Toledo. Esa vida que desea transmitir, también ha dado nuevos frutos en la Fraternidad de Laicos Cistercienses que se ha ido creando alrededor del monasterio y que viviendo en su condición secular quieren participar de su carisma.

La communauté de Santa María de Huerta est constituée de moines cisterciens de la branche qui créèrent en 1892, la OCSO (Ordre Cistercienne de la Stricte Observance). Ils se conforment a la Régle établie par Saint Benoît au sixième siècle et adoptée par le premiers cisterciens depuis la fondation de cet ordre.

L’histoire de cette communauté est ancienne puisque elle remonte a 1150. L’art accumule au fil de tant de siècles s'exprime principalement dans l architecture et la vie spirituelle qui sont en sont l'essence. La prière et le travail, la solitude et la vie en communauté, le silence et la parole, qui permettent l'écoute, le partage et l'accueil. L’isolement et la solidarité envers les autres, surtout les pauvres, sont les caractéristiques qui définissent ce mode de vie spécifique qui a pour fin de ne pas séparer l'humain du divin.

Actuellement, la communauté de Santa Maria de Huerta est composée d'une vingtaine de moines. Celle ci est en train de créer une nouvelle fondation, dans le Monastère de Notre Dame du Mont Sion, aux alentours de Tolède. Cet état d'esprit que souhaitent transmettre les moines, s’est étendu à des communautés laïques, crées autour des monastères,qui tout en menant une vie séculière, intègrent l'état d'esprit cistercien.

The monastery of Our Lady of Huerta is a community of Cistercian monks of the Strict Observance OCSO who follow the Rule of Saint Benedict, written in the 6th century. The Cistercian Order was founded in 1098.

Our Lady of Huerta has a long history, with its origin going back to 1150. Its art and architecture, accumulated down through the centuries, expresses the life of the Spirit that has shaped its existence. Prayer and work, inner solitude and community life, a silence that listens and a word of welcome, separation and solidarity with the world, especially the poor, are the characteristics of the community’s way of life, which seeks not to separate the human from the divine.

At present, the community of Our Lady of Huerta number approximately twenty monks. It has erected a new foundation, Our Lady of Mount Sion, on the outskirts of Toledo. This community’s life has also born fruit in a lay community that has grown up around the monastery and which, while living in ‘the world’, hopes to share in the Cistercian charisma.

«No anteponer nada al amor de Cristo»

Regla de San Benito LXXII,11.

«Si cuando queremos sugerir algo a hombres poderosos, no osamos hacerlo sino con humildad y reverencia, con cuánta mayor razón se ha de suplicar al Señor Dios de todas las cosas con toda humildad y pura devoción».

Regla de San Benito XX, 1-2

«No abandones en seguida, sobrecogido de temor, el camino de la salvación, que forzosamente ha de iniciarse con un comienzo estrecho. Mas, al progresar en la vida monástica y en la fe, ensanchado el corazón por la dulzura de un amor inefable, vuela el alma por el camino de los mandamientos de Dios»

Regla de San Benito, Prólogo, 48-49.

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