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Cursillo

Vida Monástica y Oración

Cursillo Cister

Se trata de dar a conocer la vida monástica y la oración a toda persona que esté interesada. Durante los tres días del cursillo los participantes pueden convivir con los monjes participando de su oración y de su trabajo.

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Comunidad

7 días en el monasterio

2 Monjes Arrodillados

¿Te interesa tener una experiencia de silencio y espiritualidad, de vida sencilla en armonía con uno mismo y con lo que nos rodea? La espiritualidad solo es real cuando se vive y nos transforma. Te ofrecemos esa posibilidad sin más pretensiones, con el deseo de compartir lo que hemos recibido. Una experiencia vivida desde dentro, con los monjes y como los monjes.

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Fraternidad

Los Laicos Cistercienses

Fraternidad Cister

Somos un grupo de cristianos, hombres y mujeres laicos, de diversas edades y condición, que aspiramos a vivir en la sociedad de acuerdo con el mensaje evangélico, basándonos en la espiritualidad y carisma cisterciense.

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Vocación

Monastica Cisterciense

Vocacion Cister2a

La vocación es Dios pidiendo permiso para caminar con nosotros y para que en nuestra vida hagamos su voluntad. En la medida en que uno se decide a dejarle sitio se va fortaleciendo la relación de amistad con Dios.

Y en esa amistad es donde se escucha la llamada. Y Dios se mete, no para, te busca, insiste... hasta que uno se decide por el sí o por el no.

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Descubrir el propio proyecto desde la fe, supone querer imitar a Jesús, vivir la experiencia de la amistad y de la compenetración con Jesús como amigo íntimo y salvador. Siempre cuenta con nosotros y no nos deja tranquilos, aunque respeta nuestra libertad


 

Sábado, 04 Abril 2020 15:53

SE 16 - El tesoro que resulta una carga, no lo es

Encontrar un tesoro es encontrar algo de mucho valor que nos puede solucionar la vida. Por lo general, al hablar de tesoro pensamos en monedas de oro, en algo que nos puede hacer ricos y poderosos y que nos da seguridad en la vida.

Pues bien, ya hemos visto cómo el Señor contrapone ese tesoro material al tesoro que él nos ofrece. El primero podemos llegar a perderlo si se corrompe o nos lo roban. El tesoro que el Señor nos ofrece, nadie nos lo podrá quitar pues pertenece al ámbito del espíritu, está dentro de nosotros, fuera del alcance de los demás. Para conseguir este tesoro hemos de apetecerlo y para ello necesitamos tener una mirada especial capaz de identificarlo. Lo más normal, lo más mundano, lo más inmediato, es anhelar el tesoro que palpamos y que los demás reconocen y valoran. Para desear el tesoro del espíritu hemos de tener un ojo luminoso que vea más allá, un ojo iluminado por el Espíritu que nos permita ansiar lo que la carne no valora inicialmente. Quien se deja iluminar de esa forma, ilumina su camino. Quien no lo hace, vive en la oscuridad pensando tener un tesoro que la polilla y la herrumbre los corroen.

Jesús nos invita a alcanzar este tesoro de una forma paradójica: debemos renunciar explícitamente a lo que vulgarmente se considera como tesoro, al dinero, que termina siendo el señor de nuestras vidas, nuestro tesoro. A continuación, da un paso más. La renuncia al dinero en sí mismo no sirve de nada, pues el dinero no es más que trozos de metal, de papel o números en una cuenta bancaria. Lo importante es que con ese desprendimiento educamos nuestro corazón para no poner en él nuestra confianza y ponerla en la divina providencia.

No andéis agobiados por vuestra vida pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir… Mirad los pájaros del cielo: no siembran ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?... No os agobiéis… Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura (Mt 6, 25-33).

En el fondo, el camino que nos muestra el Señor es bastante inteligente. No nos pide renunciar al tesoro, sino ser capaces de desprendernos del tesoro viviendo sin agobios. No ir por la vida cargando con un pesado tesoro, sino tener la llave del tesoro, la fuente de donde brota el tesoro en el momento que lo deseemos. Esa llave es la seguridad que da la confianza. Los tesoros materiales nos dan seguridad, pero nos quitan el sueño y nos llenan de preocupaciones al tratar de conseguirlos y de mantenerlos, protegiéndolos ante los ladrones. Ese es un gran peso sobre nuestras espaldas. Si nos desprendemos de esa pesada carga y descansamos en el Señor, confiando en su providencia, nos habremos sentado junto a la fuente, dejaremos de ir cargando con un depósito de agua para tener un grifo de donde beber en cuanto lo abramos.

Pero, así como el amor ha de ser probado, así la confianza en Dios tiene que ser también probada. No busquemos la prueba para demostrarnos a nosotros mismos lo consistentes que somos, pero acojámosla cuando llama a nuestra puerta. No huyamos, no la rechacemos, es la oportunidad que se nos presenta para afianzar nuestra confianza en Dios y valorar el tesoro que él nos da de confiar en su poder más que en la seguridad que da dinero o cualquier forma de poder humano. Los momentos difíciles de soledad y oscuridad son auténticas oportunidades para afianzar nuestra confianza en Aquél que no defrauda.

Es manso el que pudiendo golpear no lo hace. Es pobre en el espíritu el que pudiendo vivir en la opulencia no lo hace. No se trata tanto de tener o no tener, cuanto de vivir desprendido de lo que se tiene y de compartir, algo que debe ser ejercitado. Por eso debemos de revisar nuestra actitud ante las cosas materiales y nuestra actitud consumista o sobria. Quien tiene capacidad adquisitiva y no sabe renunciar al lujo, manifiesta dónde está su tesoro. Quien, teniendo capacidad para adquirir comparte y no se reserva para sí la mejor parte, está manifestando dónde tiene su tesoro.

No todo es cuestión de cantidad, sino de actitud. Está bien buscar comprar las cosas más económicas, pero también hay que saber no comprar cuando realmente no se necesita, porque lo que tenemos puede seguir dándonos un servicio, aunque no estemos a la última. Los ricos despilfarran, pues les sobra el dinero. Los pobres tienen que administrarlo muy bien. Nosotros hemos elegido ser pobres, pero tenemos capacidad de adquirir cosas con más solvencia que los pobres. Es por lo que debemos preguntarnos siempre por nuestra actitud que revela dónde está nuestro tesoro y dónde ponemos nuestra confianza.

San Benito se refiere a este pasaje evangélico cuando habla del abad, poniéndole delante su doble responsabilidad frente a sus hermanos: la espiritual y la material. Le pide sepa confiar en la providencia y oriente sus esfuerzos principalmente al crecimiento espiritual de los hermanos: Ante todo, por desatender o no valorar suficientemente la salvación de las almas que se le han encomendado, no se interese más por las cosas transitorias, terrenas y caducas, sino que considere siempre que aceptó el gobierno de almas, de las que tendrá que rendir cuentas. Y para que no alegue una posible penuria de bienes materiales, acuérdese de que está escrito: “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura”. Y también: “Nada falta a los que le temen” (RB 2).

San Benito pone en la balanza dos tipos de bienes, el bien de las almas y los bienes materiales. Siendo ambos bienes, recuerda al abad con insistencia no se confunda y vaya a dedicar más esmero a lo segundo en detrimento de lo primero, por lo que le insiste en lo efímero de las cosas materiales. Sin duda que San Benito no es un soñador despreocupado de lo necesario, como si pensara que sus monjes son seres angelicales que no reclaman las cosas que necesitan, pero, aun así, dice lo que dice.

Está claro que por mucho que nos complazcan los bienes materiales, por mucha seguridad y bienestar que nos proporcionen, valoramos más a las personas. Mi experiencia es que se recuerda con más agrado a aquellos hermanos y abades que han contribuido al crecimiento humano y espiritual de la comunidad que a los que casi se han limitado a promover su bienestar material. Algunos creen entregarse de lleno a los hermanos buscando la prosperidad material, y experimentan la frustración de “no sentirse” valorados por la comunidad. Sin duda que los hermanos agradecen sinceramente su entrega material, pero es un agradecimiento tan fugaz como las mismas realidades caducas. Las cosas desaparecen, pero el recuerdo de las personas buenas y su doctrina, permanecen. Pervive más prolongadamente la memoria de los maestros que la de los gestores que mejoran la economía, especialmente si han amado de verdad, si han ayudado a crecer humanamente a sus hermanos y han plasmado por escrito sus enseñanzas. La comunidad agradece más la entrega de éstos que la de

Mantener en un segundo plano la preferencia por las seguridades materiales nos abre a una experiencia espiritual imprescindible: confiar en la Providencia, vivir de una forma tangible nuestra filiación divina. Es fácil confiar cuando se tiene todo asegurado. Pero la confianza es más auténtica cuando hay un motivo para dejar que otro salga fiador de mí al no poder confiar en mis propias fuerzas ni tenerlo todo asegurado. Necesitamos experimentar la fragilidad del niño que tiene que ser sostenido. Quien tiene un corazón de niño, sabe que su fuerza reside en su padre, que es Dios quien lo sostiene y justifica, que su dignidad está en la de ser hijo amado de Dios. Ese es nuestro gran tesoro: confiar que nuestro Padre Dios se va a comportar como padre.

Nuestra comunidad está formada por monjes cistercienses de la rama que en 1892 constituyeron la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia (OCSO). Somos seguidores de la espiritualidad que San Benito dejó plasmada en su Regla escrita en el siglo VI y asumida por los primeros cistercienses desde la fundación de Císter en 1098.

La historia de nuestra comunidad es dilatada, pues sus orígenes remontan hacia 1150. El arte acumulado a lo largo de tantos siglos expresa, principalmente en la arquitectura, la vida del Espíritu que ha conformado nuestra existencia. Oración y trabajo, soledad interior y vida comunitaria, silencio que escucha y palabra que comparte y acoge, separación y solidaridad con el mundo, en especial con los pobres, serán las características que definan este modo de vida peculiar que no quiere separar lo humano de lo divino.

En la actualidad la comunidad de Sta. Mª de Huerta está formada por una veintena de monjes y tiene una fundación en el monasterio de Ntra. Sra. de MONTE SIÓN, a las afueras de Toledo. Esa vida que desea transmitir, también ha dado nuevos frutos en la Fraternidad de Laicos Cistercienses que se ha ido creando alrededor del monasterio y que viviendo en su condición secular quieren participar de su carisma.

La communauté de Santa María de Huerta est constituée de moines cisterciens de la branche qui créèrent en 1892, la OCSO (Ordre Cistercienne de la Stricte Observance). Ils se conforment a la Régle établie par Saint Benoît au sixième siècle et adoptée par le premiers cisterciens depuis la fondation de cet ordre.

L’histoire de cette communauté est ancienne puisque elle remonte a 1150. L’art accumule au fil de tant de siècles s'exprime principalement dans l architecture et la vie spirituelle qui sont en sont l'essence. La prière et le travail, la solitude et la vie en communauté, le silence et la parole, qui permettent l'écoute, le partage et l'accueil. L’isolement et la solidarité envers les autres, surtout les pauvres, sont les caractéristiques qui définissent ce mode de vie spécifique qui a pour fin de ne pas séparer l'humain du divin.

Actuellement, la communauté de Santa Maria de Huerta est composée d'une vingtaine de moines. Celle ci est en train de créer une nouvelle fondation, dans le Monastère de Notre Dame du Mont Sion, aux alentours de Tolède. Cet état d'esprit que souhaitent transmettre les moines, s’est étendu à des communautés laïques, crées autour des monastères,qui tout en menant une vie séculière, intègrent l'état d'esprit cistercien.

The monastery of Our Lady of Huerta is a community of Cistercian monks of the Strict Observance OCSO who follow the Rule of Saint Benedict, written in the 6th century. The Cistercian Order was founded in 1098.

Our Lady of Huerta has a long history, with its origin going back to 1150. Its art and architecture, accumulated down through the centuries, expresses the life of the Spirit that has shaped its existence. Prayer and work, inner solitude and community life, a silence that listens and a word of welcome, separation and solidarity with the world, especially the poor, are the characteristics of the community’s way of life, which seeks not to separate the human from the divine.

At present, the community of Our Lady of Huerta number approximately twenty monks. It has erected a new foundation, Our Lady of Mount Sion, on the outskirts of Toledo. This community’s life has also born fruit in a lay community that has grown up around the monastery and which, while living in ‘the world’, hopes to share in the Cistercian charisma.

«No anteponer nada al amor de Cristo»

Regla de San Benito LXXII,11.

«Si cuando queremos sugerir algo a hombres poderosos, no osamos hacerlo sino con humildad y reverencia, con cuánta mayor razón se ha de suplicar al Señor Dios de todas las cosas con toda humildad y pura devoción».

Regla de San Benito XX, 1-2

«No abandones en seguida, sobrecogido de temor, el camino de la salvación, que forzosamente ha de iniciarse con un comienzo estrecho. Mas, al progresar en la vida monástica y en la fe, ensanchado el corazón por la dulzura de un amor inefable, vuela el alma por el camino de los mandamientos de Dios»

Regla de San Benito, Prólogo, 48-49.

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