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Cursillo

Vida Monástica y Oración

Cursillo Cister

Se trata de dar a conocer la vida monástica y la oración a toda persona que esté interesada. Durante los tres días del cursillo los participantes pueden convivir con los monjes participando de su oración y de su trabajo.

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Comunidad

7 días en el monasterio

2 Monjes Arrodillados

¿Te interesa tener una experiencia de silencio y espiritualidad, de vida sencilla en armonía con uno mismo y con lo que nos rodea? La espiritualidad solo es real cuando se vive y nos transforma. Te ofrecemos esa posibilidad sin más pretensiones, con el deseo de compartir lo que hemos recibido. Una experiencia vivida desde dentro, con los monjes y como los monjes.

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Fraternidad

Los Laicos Cistercienses

Fraternidad Cister

Somos un grupo de cristianos, hombres y mujeres laicos, de diversas edades y condición, que aspiramos a vivir en la sociedad de acuerdo con el mensaje evangélico, basándonos en la espiritualidad y carisma cisterciense.

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Vocación

Monastica Cisterciense

Vocacion Cister2a

La vocación es Dios pidiendo permiso para caminar con nosotros y para que en nuestra vida hagamos su voluntad. En la medida en que uno se decide a dejarle sitio se va fortaleciendo la relación de amistad con Dios.

Y en esa amistad es donde se escucha la llamada. Y Dios se mete, no para, te busca, insiste... hasta que uno se decide por el sí o por el no.

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Descubrir el propio proyecto desde la fe, supone querer imitar a Jesús, vivir la experiencia de la amistad y de la compenetración con Jesús como amigo íntimo y salvador. Siempre cuenta con nosotros y no nos deja tranquilos, aunque respeta nuestra libertad


 

Sábado, 22 Febrero 2020 05:46

SE 13 - La prueba y la gracia

No nos dejes caer en la tentación, pedimos también en la oración dominical. Solemos llamar tentación a todo aquello que se nos propone como deseable, pero que sabemos es dañino. En realidad, la tentación no es más que una ocasión para ejercitarnos. La palabra tentación viene del griego peirasmós, que significa prueba, ensayo, intento, esfuerzo. No se trata de un término negativo, sino de una oportunidad y de un ejercicio. Por eso no pedimos que se nos quiten las tentaciones o las pruebas, sin las cuales no avanzaríamos, sino poder superarlas sin caer derrotados. Y si para superar las pruebas con éxito nos solemos preparar técnicamente, en el campo espiritual necesitamos también la ayuda del Espíritu para superarlas, por eso, ya nos decía el Señor en el huerto de Getsemaní: Velad y orad para no caer en la tentación -en la prueba-, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil (Mt 26, 41).

La tentación nos robustece poniendo a prueba nuestra libertad. No basta con creer que podemos superar la prueba, sino que hemos de pasar por ella y superarla realmente para avanzar. No basta con saberse capaz de lograr algo, sino que hemos de tener la experiencia de lograrlo efectivamente. ¿De qué vale decir: “estoy tranquilo porque yo sé que puedo hacerlo”, si no lo hago? Nuestra capacidad de autoengaño es muy grande y uno de los mayores peligros ante la prueba. Cuando uno se cree fuerte, seguro de haber superado determinadas cosas y estar inmunizado contra ellas, baja la guardia y es muy fácil que sucumba. Quien no es consciente del peligro que se le avecina o de la gravedad de la enfermedad que le acecha, es muy fácil que quede atrapado en ellos. Quien niega el peligro, ¿cómo se va a preparar ante él?

La tentación puede ser causa de caída, pero también lo es de crecimiento. La tentación nos pone frente a nuestra coherencia o incoherencia. Sin ella no nos afianzaríamos como personas libres que ejercen su libertad siendo coherentes con sus principios y valores o, por el contrario, que se dejan arrastrar por la inercia de sus pasiones.

La tentación aparece en los mismos orígenes de la humanidad probándonos en el ejercicio de nuestra libertad. Los animales no son tentados porque no son verdaderamente libres, sino que se mueven por su instinto. Las pruebas que ellos tienen que pasar están en el ámbito físico, pero no en el moral ni espiritual. La tentación requiere de unos valores y principios ante los que nos vemos impelidos a decidir probando la solidez de nuestra voluntad, es decir de nuestro deseo más profundo. Voluntad viene de “volo”, que en latín significa querer. No es el deseo de la concupiscencia, que está relacionado con aquello que más nos apetece, sino que se trata del querer de la libertad, de la decisión que se toma, del consentimiento ante lo que se considera más valioso, aunque no sea lo que más atrae inicialmente. Por eso necesitamos pasar por la prueba de elegir entre el deseo de la concupiscencia o el querer de la voluntad. Tener la voluntad de hacer algo, porque se considera más valioso o coherente con nuestros principios, y no realizarlo, es sucumbir en la prueba, aunque mentalmente pensemos que somos capaces de superarla.

La tentación es como un test, una prueba de resistencia, un control de calidad de nuestro producto para buscar eliminar lo defectuoso o mejorarlo. Es por ello que debemos verla como una oportunidad. Oportunidad para superarnos y oportunidad para conocernos y reconducir en nosotros lo que haya que reconducir.

La tentación la solemos unir de alguna forma al maligno, a esa fuente del mal que nos aparta de Dios y de lo más valioso de nosotros mismos. Eso es así porque consideramos la prueba que se nos pone delante como una invitación a apartarnos del camino justo, de la opción tomada. Por eso, tras pedir ser librados de caer en la tentación decimos: más líbranos del Mal, es decir, no nos dejes caer en la tentación, líbranos del Mal. Ese mal no es algo abstracto, sino “el maligno”. Es verdad que el ser humano trata siempre de personificar las realidades abstractas y espirituales para hacerlas más asequibles, llegando a veces a representaciones absurdas. Toda la mitología expresa en forma de dioses diversas realidades que nos sobrepasan. También dentro de la corriente judeocristiana se ha caído en el antropomorfismo divino, representando a Dios con forma humana o animal y atribuyéndole categorías humanas (el Padre anciano con barba canosa, el Hijo encarnado, el Espíritu Santo en forma de paloma). Eso es verdad y tiene sus riesgos, pero hay que reconocer que en ciertos aspectos puede ser útil como instrumento para poder entendernos, aunque en otros sea una exageración que hemos de evitar. A pesar de todo, el cristianismo cree en la existencia de seres espirituales más allá de ser una mera proyección de nuestras ideas.

La historia de la salvación se nos presenta como una historia de amor de Dios, el sumo Bien que ha creado por amor, entablando una relación con sus criaturas y poniendo en el corazón del hombre el deseo de conocerlo y amarlo. Frente a eso aparece el mal en el mundo… El maligno es llamado también Satán (que significa el adversario en hebreo) o diablo (que significa el calumniador en griego). Ambos términos aparecen con frecuencia similar en el NT, designando un ser personal, pero cuya influencia se manifiesta ya en la actividad de otros seres. La Biblia reconoce su existencia, aunque no se extienda en ella. Es el adversario del designio de Dios sobre la humanidad. Pero la Biblia rechaza el dualismo de tipo maniqueo, que afirma un doble principio del bien y del mal, donde Dios representaría el bien y el maligno el mal. En la tradición judeocristiana sólo hay un principio divino, siendo el maligno un ángel caído y arrastrado por la soberbia y la envidia que con frecuencia hace el papel de acusador, dejando en evidencia nuestras faltas, exagerándolas o deformándolas, buscando nuestra ruina, y siendo en este sentido opuesto al designio salvador de Dios. Parece gozar de una ciencia y habilidad superior a la del hombre, siendo sus armas la astucia y la mentira. Cristo, el hombre nuevo, aparece enfrentándose y venciendo a ese ser que obstaculiza nuestro camino según los designios de Dios.

Pedimos a Dios nos libre del maligno, pero no podemos pedirle que nos lleve en volandas sin hacer nosotros nuestro trabajo. Esa liberación solo llegará a realizarse con nuestra colaboración… Eso sí, podemos estar confiados porque el poder de Dios es mayor que cualquier asechanza del maligno. Por eso la Didajé (escrito cristiano del s. II) añade una glosa al padrenuestro diciendo: “porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por los siglos. Amén”.

Nuestra comunidad está formada por monjes cistercienses de la rama que en 1892 constituyeron la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia (OCSO). Somos seguidores de la espiritualidad que San Benito dejó plasmada en su Regla escrita en el siglo VI y asumida por los primeros cistercienses desde la fundación de Císter en 1098.

La historia de nuestra comunidad es dilatada, pues sus orígenes remontan hacia 1150. El arte acumulado a lo largo de tantos siglos expresa, principalmente en la arquitectura, la vida del Espíritu que ha conformado nuestra existencia. Oración y trabajo, soledad interior y vida comunitaria, silencio que escucha y palabra que comparte y acoge, separación y solidaridad con el mundo, en especial con los pobres, serán las características que definan este modo de vida peculiar que no quiere separar lo humano de lo divino.

En la actualidad la comunidad de Sta. Mª de Huerta está formada por una veintena de monjes y tiene una fundación en el monasterio de Ntra. Sra. de MONTE SIÓN, a las afueras de Toledo. Esa vida que desea transmitir, también ha dado nuevos frutos en la Fraternidad de Laicos Cistercienses que se ha ido creando alrededor del monasterio y que viviendo en su condición secular quieren participar de su carisma.

La communauté de Santa María de Huerta est constituée de moines cisterciens de la branche qui créèrent en 1892, la OCSO (Ordre Cistercienne de la Stricte Observance). Ils se conforment a la Régle établie par Saint Benoît au sixième siècle et adoptée par le premiers cisterciens depuis la fondation de cet ordre.

L’histoire de cette communauté est ancienne puisque elle remonte a 1150. L’art accumule au fil de tant de siècles s'exprime principalement dans l architecture et la vie spirituelle qui sont en sont l'essence. La prière et le travail, la solitude et la vie en communauté, le silence et la parole, qui permettent l'écoute, le partage et l'accueil. L’isolement et la solidarité envers les autres, surtout les pauvres, sont les caractéristiques qui définissent ce mode de vie spécifique qui a pour fin de ne pas séparer l'humain du divin.

Actuellement, la communauté de Santa Maria de Huerta est composée d'une vingtaine de moines. Celle ci est en train de créer une nouvelle fondation, dans le Monastère de Notre Dame du Mont Sion, aux alentours de Tolède. Cet état d'esprit que souhaitent transmettre les moines, s’est étendu à des communautés laïques, crées autour des monastères,qui tout en menant une vie séculière, intègrent l'état d'esprit cistercien.

The monastery of Our Lady of Huerta is a community of Cistercian monks of the Strict Observance OCSO who follow the Rule of Saint Benedict, written in the 6th century. The Cistercian Order was founded in 1098.

Our Lady of Huerta has a long history, with its origin going back to 1150. Its art and architecture, accumulated down through the centuries, expresses the life of the Spirit that has shaped its existence. Prayer and work, inner solitude and community life, a silence that listens and a word of welcome, separation and solidarity with the world, especially the poor, are the characteristics of the community’s way of life, which seeks not to separate the human from the divine.

At present, the community of Our Lady of Huerta number approximately twenty monks. It has erected a new foundation, Our Lady of Mount Sion, on the outskirts of Toledo. This community’s life has also born fruit in a lay community that has grown up around the monastery and which, while living in ‘the world’, hopes to share in the Cistercian charisma.

«No anteponer nada al amor de Cristo»

Regla de San Benito LXXII,11.

«Si cuando queremos sugerir algo a hombres poderosos, no osamos hacerlo sino con humildad y reverencia, con cuánta mayor razón se ha de suplicar al Señor Dios de todas las cosas con toda humildad y pura devoción».

Regla de San Benito XX, 1-2

«No abandones en seguida, sobrecogido de temor, el camino de la salvación, que forzosamente ha de iniciarse con un comienzo estrecho. Mas, al progresar en la vida monástica y en la fe, ensanchado el corazón por la dulzura de un amor inefable, vuela el alma por el camino de los mandamientos de Dios»

Regla de San Benito, Prólogo, 48-49.

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monasterios con hospederia