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Cursillo

Vida Monástica y Oración

Cursillo Cister

Se trata de dar a conocer la vida monástica y la oración a toda persona que esté interesada. Durante los tres días del cursillo los participantes pueden convivir con los monjes participando de su oración y de su trabajo.

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Comunidad

7 días en el monasterio

2 Monjes Arrodillados

¿Te interesa tener una experiencia de silencio y espiritualidad, de vida sencilla en armonía con uno mismo y con lo que nos rodea? La espiritualidad solo es real cuando se vive y nos transforma. Te ofrecemos esa posibilidad sin más pretensiones, con el deseo de compartir lo que hemos recibido. Una experiencia vivida desde dentro, con los monjes y como los monjes.

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Fraternidad

Los Laicos Cistercienses

Fraternidad Cister

Somos un grupo de cristianos, hombres y mujeres laicos, de diversas edades y condición, que aspiramos a vivir en la sociedad de acuerdo con el mensaje evangélico, basándonos en la espiritualidad y carisma cisterciense.

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Vocación

Monastica Cisterciense

Vocacion Cister2a

La vocación es Dios pidiendo permiso para caminar con nosotros y para que en nuestra vida hagamos su voluntad. En la medida en que uno se decide a dejarle sitio se va fortaleciendo la relación de amistad con Dios.

Y en esa amistad es donde se escucha la llamada. Y Dios se mete, no para, te busca, insiste... hasta que uno se decide por el sí o por el no.

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Descubrir el propio proyecto desde la fe, supone querer imitar a Jesús, vivir la experiencia de la amistad y de la compenetración con Jesús como amigo íntimo y salvador. Siempre cuenta con nosotros y no nos deja tranquilos, aunque respeta nuestra libertad


 

Sábado, 08 Febrero 2020 06:07

SE 11 - El padre alimenta al hijo y el hijo confía en el padre

Si las tres primeras peticiones del padrenuestro están referidas a Dios y a nuestra implicación en ellas: santificar su nombre, dejar que reine sobre nosotros y trabajar porque se haga su voluntad, las cuatro siguientes se centran más en nosotros mismos pidiendo a Dios se implique para que se lleven a cabo.

Así se comienza con la cuarta petición que es la más elemental para garantizar nuestra subsistencia: danos hoy nuestro pan de cada día. Una petición sobria que, sin embargo, encierra varias enseñanzas.

En primer lugar, pedimos el pan como el elemento más básico para poder subsistir. No pedimos lo superfluo, sino lo necesario. Jesús nos enseña a pedir aquello que necesitamos y merecemos como criaturas de Dios, algo a lo que tenemos derecho. No nos dice que pidamos riquezas ni sibaritismos que no necesitamos y escandalizarían a los que pasan necesidad. San Pablo decía a Timoteo: Nosotros no hemos traído nada al mundo y nada podemos llevarnos de él. Mientras tengamos comida y vestido, estemos contentos con eso (1Tim 6, 7-8). Y el mismo Jesús nos manda: No andéis preocupados diciendo: “¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?”; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso (Mt 6, 31-32).

Pedimos también que se nos dé hoy el pan de cada día, día a día, no para acumular. Cuando Jesús envía a sus discípulos a anunciar el reino de los cielos les dice que vayan con lo puesto, sin dinero en la alforja, sin seguridades, dejándose llevar por la Providencia. No se trata de una actitud imprudente, sino de vivir en confianza. La imprudencia sería hacer barbaridades pensando que no nos va a pasar nada y que Dios evitará las consecuencias de nuestra insensatez. El pan de cada día, sin embargo, es algo que fácilmente obtendremos en condiciones normales, pues la providencia divina y la compasión humana vendrán fácilmente en nuestra ayuda. Otra cosa bien distinta es pretender lo superfluo o las riquezas. Sobre eso el Señor no nos promete nada. Lo que sí nos pide es que orientemos todo nuestro esfuerzo en el anuncio del evangelio, y lo demás se nos dará por añadidura, como recuerda San Benito al abad en su labor pastoral.

Cuando uno es joven se siente atraído por la invitación de Jesús a vivir como los pájaros del cielo y los lirios del campo. Es un reto y se siente fuerte y confiado. Con los años buscamos más seguridades. Nos sabemos más frágiles y el idealismo primero se va aminorando. Cada uno sabrá qué le pide el Espíritu y qué está dispuesto a ofrecer. Pero en cualquier caso el mensaje es claro para todos: no acumulemos ni pongamos nuestra preocupación en las cosas materiales. Debemos mantener un espíritu libre frente a ellas. Ciertamente que debemos ser responsables y trabajar por adquirir lo necesario sin esperar que otros nos resuelvan la vida, pero hemos de hacerlo sin agobios.

La petición del pan de cada día nos recuerda a la prueba que Dios puso a su pueblo en el camino por el desierto, tratando de educar su corazón en la confianza cuando les ofreció día tras día el maná que les alimentara, mandándoles no acumular para el día siguiente: Moisés les dijo: "Éste es el pan que Yahvé os da de comer. Esto es lo que manda Yahvé: Que cada uno recoja cuanto necesite para comer, una ración por cabeza, según el número de personas que vivan en su tienda". Así lo hicieron los israelitas; unos recogieron más y otros menos. Al pesar la ración, no sobraba al que había recogido más, ni faltaba al que había recogido menos. Cada uno había recogido lo que necesitaba para comer. Moisés les dijo: "Que nadie guarde nada para mañana". Mas no obedecieron a Moisés, y algunos guardaron algo para el día siguiente; pero se llenó de gusanos y se pudrió; y Moisés se irritó contra ellos. Lo recogían cada mañana, cada uno según lo que podía comer, pues, con el calor del sol, se derretía (Ex 16, 15-21).

Como vemos, algunos no resistieron a la tentación y cogían de más para asegurarse el alimento de los días siguientes, pero se les pudría. Esa experiencia de escasez sin que les faltara el alimento diario, lejos de ser un castigo era una enseñanza transformadora. Es lo mismo que nos sucede a nosotros cuando experimentamos la escasez de cualquier tipo. Debiéramos verlo como una enseñanza que nos prepara para vivir en la confianza en Dios al constatar que lo necesario nunca nos falta. Por ello en esos momentos es más acertado pedir fortaleza para mantenernos con entereza en la prueba que pedir nos quiten rápidamente la prueba.

Esa experiencia nos permite vivir la saludable sobriedad de la que nos habla también la Escritura cuando dice: No me des pobreza ni riqueza, asígname mi ración de pan; pues, si estoy saciado, podría renegar de ti y decir: "¿Quién es Yahvé?", y si estoy necesitado, podría robar y ofender el nombre de mi Dios (Proverbios 30, 8-9). Esto nos explica por qué debemos pedir el pan a diario sin acumular.

Ese pan Jesús nos lo presenta como reflejo de otro pan que alimenta nuestro espíritu y que también debemos pedir y procurar diariamente. Es el pan de su cuerpo y de su sangre, sin el cual no podemos tener vida en nosotros: Ellos le dijeron…: “Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer." Jesús les respondió: "En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo." Entonces le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan." Les dijo Jesús: "Yo soy el pan de vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él (Jn 6, 31-35.56).

Así como pedimos el pan que necesitamos para poder vivir, así debemos pedir el pan vivo que es el cuerpo de Cristo para tener en nosotros la vida de Dios. Si lo pedimos es porque lo necesitamos y no lo podemos alcanzar por nuestras propias fuerzas. Pedirlo, comerlo y asimilarlo, pues no basta con estar en un almacén de pan si no nos llevamos nada a la boca. Necesitamos ese pan cada día y nadie lo tiene seguro para mañana. La escala que vio San Juan Clímaco (abad del monasterio de Santa Catalina del Sinaí, s. VII; “Clímaco = de la escalera) se apoyaba en la tierra hasta el cielo y por ella subía mucha gente de todo tipo. No todos llegaban a la meta, sino que algunos se caían: unos en los primeros peldaños, otros lo hacían al medio y otros casi al final, alentados todos ellos durante el trayecto por los ángeles o tentados por los demonios (virtudes y vicios). No se trata de meter miedo, sino de ser conscientes de que el camino solo lo termina el que llega a la meta, y para eso necesitamos el alimento diario. Queda sin llegar a la meta tanto el que se aparta del camino al principio como el que lo hace al final. Pedir día a día al Señor que nos dé el pan que nos mantiene vivos humana y espiritualmente es decirle que confiamos en él, que lo necesitamos y que estamos dispuestos a alimentarnos con él.

Nuestra comunidad está formada por monjes cistercienses de la rama que en 1892 constituyeron la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia (OCSO). Somos seguidores de la espiritualidad que San Benito dejó plasmada en su Regla escrita en el siglo VI y asumida por los primeros cistercienses desde la fundación de Císter en 1098.

La historia de nuestra comunidad es dilatada, pues sus orígenes remontan hacia 1150. El arte acumulado a lo largo de tantos siglos expresa, principalmente en la arquitectura, la vida del Espíritu que ha conformado nuestra existencia. Oración y trabajo, soledad interior y vida comunitaria, silencio que escucha y palabra que comparte y acoge, separación y solidaridad con el mundo, en especial con los pobres, serán las características que definan este modo de vida peculiar que no quiere separar lo humano de lo divino.

En la actualidad la comunidad de Sta. Mª de Huerta está formada por una veintena de monjes y tiene una fundación en el monasterio de Ntra. Sra. de MONTE SIÓN, a las afueras de Toledo. Esa vida que desea transmitir, también ha dado nuevos frutos en la Fraternidad de Laicos Cistercienses que se ha ido creando alrededor del monasterio y que viviendo en su condición secular quieren participar de su carisma.

La communauté de Santa María de Huerta est constituée de moines cisterciens de la branche qui créèrent en 1892, la OCSO (Ordre Cistercienne de la Stricte Observance). Ils se conforment a la Régle établie par Saint Benoît au sixième siècle et adoptée par le premiers cisterciens depuis la fondation de cet ordre.

L’histoire de cette communauté est ancienne puisque elle remonte a 1150. L’art accumule au fil de tant de siècles s'exprime principalement dans l architecture et la vie spirituelle qui sont en sont l'essence. La prière et le travail, la solitude et la vie en communauté, le silence et la parole, qui permettent l'écoute, le partage et l'accueil. L’isolement et la solidarité envers les autres, surtout les pauvres, sont les caractéristiques qui définissent ce mode de vie spécifique qui a pour fin de ne pas séparer l'humain du divin.

Actuellement, la communauté de Santa Maria de Huerta est composée d'une vingtaine de moines. Celle ci est en train de créer une nouvelle fondation, dans le Monastère de Notre Dame du Mont Sion, aux alentours de Tolède. Cet état d'esprit que souhaitent transmettre les moines, s’est étendu à des communautés laïques, crées autour des monastères,qui tout en menant une vie séculière, intègrent l'état d'esprit cistercien.

The monastery of Our Lady of Huerta is a community of Cistercian monks of the Strict Observance OCSO who follow the Rule of Saint Benedict, written in the 6th century. The Cistercian Order was founded in 1098.

Our Lady of Huerta has a long history, with its origin going back to 1150. Its art and architecture, accumulated down through the centuries, expresses the life of the Spirit that has shaped its existence. Prayer and work, inner solitude and community life, a silence that listens and a word of welcome, separation and solidarity with the world, especially the poor, are the characteristics of the community’s way of life, which seeks not to separate the human from the divine.

At present, the community of Our Lady of Huerta number approximately twenty monks. It has erected a new foundation, Our Lady of Mount Sion, on the outskirts of Toledo. This community’s life has also born fruit in a lay community that has grown up around the monastery and which, while living in ‘the world’, hopes to share in the Cistercian charisma.

«No anteponer nada al amor de Cristo»

Regla de San Benito LXXII,11.

«Si cuando queremos sugerir algo a hombres poderosos, no osamos hacerlo sino con humildad y reverencia, con cuánta mayor razón se ha de suplicar al Señor Dios de todas las cosas con toda humildad y pura devoción».

Regla de San Benito XX, 1-2

«No abandones en seguida, sobrecogido de temor, el camino de la salvación, que forzosamente ha de iniciarse con un comienzo estrecho. Mas, al progresar en la vida monástica y en la fe, ensanchado el corazón por la dulzura de un amor inefable, vuela el alma por el camino de los mandamientos de Dios»

Regla de San Benito, Prólogo, 48-49.

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