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Cursillo

Vida Monástica y Oración

Cursillo Cister

Se trata de dar a conocer la vida monástica y la oración a toda persona que esté interesada. Durante los tres días del cursillo los participantes pueden convivir con los monjes participando de su oración y de su trabajo.

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Comunidad

7 días en el monasterio

2 Monjes Arrodillados

¿Te interesa tener una experiencia de silencio y espiritualidad, de vida sencilla en armonía con uno mismo y con lo que nos rodea? La espiritualidad solo es real cuando se vive y nos transforma. Te ofrecemos esa posibilidad sin más pretensiones, con el deseo de compartir lo que hemos recibido. Una experiencia vivida desde dentro, con los monjes y como los monjes.

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Fraternidad

Los Laicos Cistercienses

Fraternidad Cister

Somos un grupo de cristianos, hombres y mujeres laicos, de diversas edades y condición, que aspiramos a vivir en la sociedad de acuerdo con el mensaje evangélico, basándonos en la espiritualidad y carisma cisterciense.

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Vocación

Monastica Cisterciense

Vocacion Cister2

La vocación es Dios pidiendo permiso para caminar con nosotros y para que en nuestra vida hagamos su voluntad. En la medida en que uno se decide a dejarle sitio se va fortaleciendo la relación de amistad con Dios.

Y en esa amistad es donde se escucha la llamada. Y Dios se mete, no para, te busca, insiste... hasta que uno se decide por el sí o por el no.

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Descubrir el propio proyecto desde la fe, supone querer imitar a Jesús, vivir la experiencia de la amistad y de la compenetración con Jesús como amigo íntimo y salvador. Siempre cuenta con nosotros y no nos deja tranquilos, aunque respeta nuestra libertad


 

Domingo, 13 Octubre 2019 11:25

SE 3 - La senda del Evangelio se transita por las bienaventuranzas

La senda por la que nos invita a caminar Jesús de Nazaret comienza con las bienaventuranzas, unas bienaventuranzas radicalmente contrarias a lo que solemos buscar de forma natural, no por su fin, que siempre es la felicidad, sino por su inmediatez. La diferencia está en el camino que se sigue. Hay una senda que se parece a las canciones de verano: son atractivas por ser fáciles y pegadizas, pero pronto cansan y se olvidan. Hay otra senda que resulta más difícil, como una melodía más elaborada, pero que cuando se domina produce una gran satisfacción y perdura en el tiempo. También con la vida monástica nos puede suceder lo mismo. Vinimos aquí porque al principio nos parecía atractiva, pero sólo si profundizamos en su experiencia interior se mantendrá atractiva y no tediosa y repetitiva.

Todos buscamos la felicidad y Jesús nos la propone. ¿Pero por qué no ir directamente hacia ella? ¿Por qué el Señor parece ofrecernos la buena ventura pasando por la desventura? Creo que no es más que un acto de realismo por su parte. Si quieres ser un reputado abogado tendrás que pasarte años hincando los codos para aprender leyes, sentencias y mucho más, con sudor y esfuerzo. Si quieres construir un edificio tendrás que dedicar tiempo a preparar el terreno, cavar para poner buenos cimientos y asumir el esfuerzo del trabajo que se quiere realizar. Algo parecido sucede con nuestro edificio interior. Necesitamos hacer un trabajo previo para poder empezar a construir sobre roca.

El filósofo Sócrates comenzaba su enseñanza haciendo tomar conciencia a sus discípulos de su ignorancia, pues solo sabiendo que no se sabe se puede comenzar a aprender. A partir de ahí les enseñaba a escudriñar en lo profundo de sí mismos para descubrir que tenían una ciencia oculta que su presunción de saber les estaba ocultando.

Un cierto parecido con todo esto tiene la enseñanza de Jesús en el sermón de la montaña, cuando les enseña a sus discípulos la nueva senda del evangelio. Comienza con las bienaventuranzas: dichosos los pobres, los mansos, los que lloran, los hambrientos de justicia, los que afrontan pacíficamente la violencia, cuando os insulten y persigan por mi causa… Todo ese sufrimiento abrazado libremente desde la fe tiene la recompensa del reino de Dios, un reino que no hay que esperar disfrutar en la otra vida, sino que lo experimentamos en ésta al saborear la libertad del que elige ser pobre, la fortaleza del manso que vence al soberbio en su propia bravata, el consuelo reconfortante que se da a los que lloran, el reconocimiento que recibe el que trabaja por la justicia, la dichosa benevolencia que experimenta el que es misericordioso, la alegría del limpio de corazón que mira con los ojos de Dios sin ser turbado por los celos, la envida o la maledicencia, los pacíficos que generan la paz de Dios a su alrededor.

¿Por qué son dichosos todos esos? Son dichosos porque han tenido la oportunidad de despojarse o de ser despojados de unas apariencias que no dejan conocer la verdadera felicidad. Ellos han pasado por algo que les posibilita otro tipo de experiencia más fructífera. Son los que se han dejado enseñar por la sabiduría del Maestro interior, recibiendo la felicidad de los predilectos de Dios que disfrutan tanto del hijo que viene que se olvidan del dolor que lo precede, viviéndolo como preludio paradójico de esa felicidad.

Estoy seguro de que todos nosotros hemos tenido esa experiencia en algunas ocasiones. Cuando hemos sometido cualquiera de nuestras pasiones hemos experimentado el malestar de la renuncia y el gozo de la victoria. Igualmente, cuando hemos renunciado a cosas más materiales e inmediatas por un bien superior. San Benito nos dice en el inicio de su Regla que seguir ese camino nos cuesta al principio, pero que si profundizamos en él nos da una gran libertad, dejando de experimentar el malestar del que se va metiendo poco a poco en el agua antes de lanzarse a nadar: No abandones enseguida, sobrecogido de temor, el camino de la salvación, que al principio debe ser forzosamente estrecho. Sin embargo, con el progreso en la vida monástica y en la fe, ensanchado el corazón, con la inefable dulzura del amor, se corre por el camino de los mandamientos de Dios (Pról 48-49). El que no se limita a soportar, sino que elige el camino de la humildad, de la sencillez, del despojo y vacío para ser llenado, experimenta el gozo de esa presencia en su vida que le hace feliz, le da estabilidad y sentido, desconcertando a todos aquellos que viven dependiendo de las cosas, de la aprobación de los demás, de la buena suerte en la vida.

Es por lo que el Señor nos recuerda que nos ha elegido para ser sal y luz en el mundo. Nos ha elegido no por nuestros méritos, sino por su libre voluntad, pero es un don exigente. Su petición es que no seamos sal sosa. ¿Que vemos que los otros no viven según el evangelio?, pues vivámoslo nosotros para dar sabor a la comida sosa. ¿Que vemos que los demás viven con criterios mundanos?, pongamos nosotros la sal de los criterios evangélicos. La sal es poca en el alimento, pero le da un sabor diferente, más agradable, haciéndola más apetitosa. Los grupos humanos cambian mucho cuando en su seno hay algunos verdaderamente buenos. Unos pocos son capaces de salvar el conjunto, como escenificaba el regateo de Abrahán con Dios por Sodoma y Gomorra. Por eso no nos dejemos contagiar por lo insípido de una vida sin Dios, sin el sabor del espíritu, volviéndonos sosos nosotros mismos. Pues si la comida sosa resulta desagradable, mucho más desconcierta estropear un alimento que primero había sido sabroso.

Si el Señor quiere que seamos luz del mundo es para que nuestra luz brille e ilumine el camino, no para que deslumbre a la gente. Nuestra luz deslumbra cuando lanzamos todos los mandamientos sobre el otro con un dedo acusador, cuando exigimos al otro que haga todo lo que se debe hacer, cuando nos lamentamos de lo mal que van las cosas, acusando a los demás de su comportamiento. Nuestra luz ilumina el camino cuando somos nosotros mismos los que vivimos según el evangelio, cuando mostramos con nuestras vidas la senda del evangelio. Entonces somos una luz que no se puede ocultar, pues se ve naturalmente. Esto es más exigente, pues supone olvido de sí mismo, ya que a veces estamos más preocupados de que los demás reconozca la luz que somos que de vivir esa luminosidad que iluminará sin pretenderlo. En definitiva, hace lo que nos dice San Benito: sed santos sin preocuparse por ser llamados santos. Fácilmente podemos constatar esa ambigüedad en nosotros cuando nos molesta que los demás nos acusen de nuestros defectos, es decir, cuando nos señalan aquello en lo que no somos luz.

Jesús nos anima a que nuestra luz brille ante los hombres… para que vean nuestras buenas obras y den gloria a nuestro Padre que está en los cielos. Al final eso es lo más importante. Que nuestras vidas iluminen el camino de los demás hacia Dios, no hacia nosotros. Quien se ha vaciado de sí mismo encuentra más alegría en esto que en la propia alabanza. Es lo mismo que sucede con las bienaventuranzas, cuando se deja la felicidad inmediata para gozar de la más plena.

Nuestra comunidad está formada por monjes cistercienses de la rama que en 1892 constituyeron la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia (OCSO). Somos seguidores de la espiritualidad que San Benito dejó plasmada en su Regla escrita en el siglo VI y asumida por los primeros cistercienses desde la fundación de Císter en 1098.

La historia de nuestra comunidad es dilatada, pues sus orígenes remontan hacia 1150. El arte acumulado a lo largo de tantos siglos expresa, principalmente en la arquitectura, la vida del Espíritu que ha conformado nuestra existencia. Oración y trabajo, soledad interior y vida comunitaria, silencio que escucha y palabra que comparte y acoge, separación y solidaridad con el mundo, en especial con los pobres, serán las características que definan este modo de vida peculiar que no quiere separar lo humano de lo divino.

En la actualidad la comunidad de Sta. Mª de Huerta está formada por una veintena de monjes y tiene una fundación en el monasterio de Ntra. Sra. de MONTE SIÓN, a las afueras de Toledo. Esa vida que desea transmitir, también ha dado nuevos frutos en la Fraternidad de Laicos Cistercienses que se ha ido creando alrededor del monasterio y que viviendo en su condición secular quieren participar de su carisma.

La communauté de Santa María de Huerta est constituée de moines cisterciens de la branche qui créèrent en 1892, la OCSO (Ordre Cistercienne de la Stricte Observance). Ils se conforment a la Régle établie par Saint Benoît au sixième siècle et adoptée par le premiers cisterciens depuis la fondation de cet ordre.

L’histoire de cette communauté est ancienne puisque elle remonte a 1150. L’art accumule au fil de tant de siècles s'exprime principalement dans l architecture et la vie spirituelle qui sont en sont l'essence. La prière et le travail, la solitude et la vie en communauté, le silence et la parole, qui permettent l'écoute, le partage et l'accueil. L’isolement et la solidarité envers les autres, surtout les pauvres, sont les caractéristiques qui définissent ce mode de vie spécifique qui a pour fin de ne pas séparer l'humain du divin.

Actuellement, la communauté de Santa Maria de Huerta est composée d'une vingtaine de moines. Celle ci est en train de créer une nouvelle fondation, dans le Monastère de Notre Dame du Mont Sion, aux alentours de Tolède. Cet état d'esprit que souhaitent transmettre les moines, s’est étendu à des communautés laïques, crées autour des monastères,qui tout en menant une vie séculière, intègrent l'état d'esprit cistercien.

The monastery of Our Lady of Huerta is a community of Cistercian monks of the Strict Observance OCSO who follow the Rule of Saint Benedict, written in the 6th century. The Cistercian Order was founded in 1098.

Our Lady of Huerta has a long history, with its origin going back to 1150. Its art and architecture, accumulated down through the centuries, expresses the life of the Spirit that has shaped its existence. Prayer and work, inner solitude and community life, a silence that listens and a word of welcome, separation and solidarity with the world, especially the poor, are the characteristics of the community’s way of life, which seeks not to separate the human from the divine.

At present, the community of Our Lady of Huerta number approximately twenty monks. It has erected a new foundation, Our Lady of Mount Sion, on the outskirts of Toledo. This community’s life has also born fruit in a lay community that has grown up around the monastery and which, while living in ‘the world’, hopes to share in the Cistercian charisma.

«No anteponer nada al amor de Cristo»

Regla de San Benito LXXII,11.

«Si cuando queremos sugerir algo a hombres poderosos, no osamos hacerlo sino con humildad y reverencia, con cuánta mayor razón se ha de suplicar al Señor Dios de todas las cosas con toda humildad y pura devoción».

Regla de San Benito XX, 1-2

«No abandones en seguida, sobrecogido de temor, el camino de la salvación, que forzosamente ha de iniciarse con un comienzo estrecho. Mas, al progresar en la vida monástica y en la fe, ensanchado el corazón por la dulzura de un amor inefable, vuela el alma por el camino de los mandamientos de Dios»

Regla de San Benito, Prólogo, 48-49.

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