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El alma a menudo examina seriamente lo que es y lo que podría ser, lo que tiene y lo que aún falta a su anhelo. Con celo muy grande, con gran empeño y tan dispuesta como le es posible, se esfuerza por evitar todo aquello que le distrae su atención de esto o que pudiera impedirlo. Su corazón nunca está tranquilo; nunca descansa en esta búsqueda, reclamo y discernimiento, en este tomar a pecho y conservar lo que le pudiera ayudar y lo que la pudiera hacer crecer en el amor.

En esto consiste la dedicación principal del alma que ha llegado a este estado –y en esto ha de trabajar y esforzarse, con gran dedicación y fidelidad, hasta que reciba de Dios el que en adelante pueda servir al amor con claro entendimiento y sin verse impedida por errores pasados.

Beatriz de Nazareth

Monja cisterciense (siglo XIII)

De “Siete modos de amor”