Este sitio usa cookies y tecnologías similares. Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso.

Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso.

Acepto

Teléfono: +34 975 327 002 :: Email: huerta@planalfa.es

Sábado, 06 Agosto 2016 09:09

Capítulo 50 (1)

LOS HERMANOS QUE TRABAJAN LEJOS DEL ORATORIO O ESTÁN DE VIAJE

(RB 50-01)

El oficio divino es algo central en la vida del monje que orienta toda su vida hacia la alabanza divina. Pero la vida tiene sus quehaceres que pueden dificultar esa alabanza litúrgica. Un ejemplo lo tenemos cuando hemos de realizar trabajos en favor de la comunidad que nos absorben más tiempo del debido o cuando hemos de viajar o nos encontramos lejos del monasterio. En estos casos San Benito se adapta a la realidad salvaguardando el rezo de las horas litúrgicas. Así nos dice: Los hermanos que están trabajando muy lejos y no pueden acudir al oratorio a la hora debida, y el abad comprende que es así, celebrarán la obra de Dios en el mismo lugar donde trabajan, arrodillándose con reverencia en presencia de Dios. Análogamente, los que son enviados de viaje no dejen pasar las horas prescritas, sino que las celebrarán como puedan, y no sean negligentes en cumplir la tarea de su servidumbre.

Nos recuerda la obligatoriedad que tenemos de rezar el oficio aun cuando nos encontremos lejos de la comunidad. No se trata de una obligatoriedad jurídica, pues sólo a partir de la Edad Media aparece ésta con el rezo del breviario, sino más bien de una obligatoriedad moral que el monje asume, por lo que alude a unas motivaciones más profundas que expresan lo que realmente deseamos ser.

San Benito dice que no hay que anteponer nada a la obra de Dios, esto es, al oficio divino, pero se fija mucho más en su sentido espiritual que material, no siendo tan drástico como la Regla del Maestro, su fuente principal. Para San Benito la vida del monje es toda ella una obra de Dios, forma una unidad que le permite una cierta flexibilidad en su realización concreta, como ya hemos visto repetidamente. Por eso no le importa desplazar un poco la hora exacta de su realización para mantener el equilibrio en la jornada monástica, siendo más comprensivo con las necesidades laborales de la comunidad. Incluso admite que se puedan rezar las distintas horas fuera del oratorio, en el mismo lugar del trabajo, si es que no se puede dejarlo por diversos motivos.

Para San Benito es más importante la celebración de las horas que el lugar o el tiempo más apropiado para la misma, aunque sin perder el sentido simbólico de cada hora. El Maestro, por el contrario, no permite se desplace la celebración de las horas del tiempo que le corresponde, eximiendo de la obligatoriedad de asistir al oratorio al que se encuentre a más de 50 pasos del monasterio por motivos justificados (RM 55,2). San Benito es más elástico, permitiendo modificar un poco el tiempo de su realización. Pero si uno no puede participar de la oración con la comunidad, debe rezar el oficio siempre, aunque esté solo. ¿Por qué? Para el Patriarca el monasterio es una “escuela del servicio divino” (Prol 45), donde se aprende a servir a Dios sirviéndole. Toda la vida del monje es una servitutis militia (2,20), debemos cumplir un servicio; las diversas observancias que implica son un pensum servitutis (49,5), una tarea de nuestra servidumbre que debemos realizar. Esta tarea se aplica también en el capítulo 50 que nos ocupa al opus Dei. En otro lugar se refiere a ella como el “servicio de devoción” (18, 24) o el “servicio al que están dedicados” los monjes que celebran gozosos el misterio de Cristo en la liturgia; son las “obligaciones de nuestro servicio” (16, 3). Es precisamente por esa tarea que hemos asumido al entrar en el monasterio como escuela del servicio divino, por lo que debemos celebrar siempre la obra de Dios, allí donde nos encontremos.

En el caso de que los monjes se encuentren lejos, es el abad quien debe determinar la distancia que justifique la exigencia de no regresar al oratorio para la celebración de las horas. En cualquier caso, San Benito habla de los que se encuentran muy lejos del monasterio, esto es, de los que se encuentran en granjas o fincas fuera del recinto del monasterio. Indica también que deben arrodillarse -allí donde se encuentren- con todo respeto delante de Dios. Parece difícil que esto se pueda entender al pie de la letra, pues ni siquiera en el coro se está siempre de rodillas. Bien pudiera ser que San Benito aluda a la postración para orar que se acostumbra a hacer después del salmo, y que deben realizar de rodillas los que estén fuera; o bien se puede tratar de una indicación para no recitar el oficio de cualquier manera, sino que se deje de trabajar y se haga con devoción. Es curioso cómo contrasta esto con lo que dice a los que van de viaje. Éstos basta lo realicen como les sea posible, pues cuando se sale fuera las circunstancias pueden ser muy distintas. Además, no podemos olvidar que en tiempos de San Benito no era tan fácil como ahora el rezo de las Horas, pues no existían los breviarios, libro creado por los franciscanos en vista a su mucha movilidad. Los monjes en aquella época no podían cargar con los distintos libros donde se encontraban los salmos, las antífonas, etc., por dos razones muy sencillas: sus dimensiones y su multiplicidad... De ahí que San Benito diga que recen el oficio como les sea posible. Hoy nuestro caso es bastante distinto y se nos podría acusar más fácilmente de pereza o negligencia, pues hasta en los ordenadores y los móviles tenemos el breviario, además de disponer de libros de bolsillo.

Ese deseo de que los monjes oren individualmente cuando no lo han podido hacer en comunidad es algo que ya recogían San Pacomio y San Basilio, fuentes de RB: “En la barca, en el monasterio, en los campos, de viaje, en cualquier ocupación, no dejen pasar los diversos tiempos de la salmodia” (Pacomio, Reg. 142); “Si no puede asistir al oratorio, realice el deber de su devoción allí donde se encuentra” (Basilio, Reg. 107). Verdaderamente muchos musulmanes nos dan ejemplo al respecto, y eso que no han hecho una profesión religiosa. Todo va a depender de nuestra toma de conciencia desde dónde vivimos.

Hoy se resalta mucho el aspecto comunitario y la importancia de la oración en común. Se pudiera tomar eso como excusa para no rezar el oficio cuando no se puede asistir al coro, pues se supone que basta con unirse espiritualmente a la comunidad. Sin duda se trata de una excusa interesada, pues nadie que va de viaje se une únicamente espiritualmente a la comunidad cuando está comiendo. No creo que hoy tengamos más sentido comunitario que en tiempos de San Benito, donde la idea de comunidad era tan viva que la excomunión era vivida como algo muy duro. Lo comunitario y lo personal no son cosas enfrentadas, sino íntimamente relacionadas. Si cada miembro no se alimenta y se une de una forma efectiva a la comunidad por la oración y la presencia física, la comunión no llega a ser plena. Orar en solitario a la misma hora que ora la comunidad, es unirse a ella plenamente, pues Dios no ocupa lugar. Excusarse pensando que la oración de la comunidad suple es engañarse, salvo que realmente no se pueda hacer. Son bastantes los laicos que se unen en oración a nuestra comunidad cuando ella está recitando las diversas horas litúrgicas.

Es curioso constatar cómo la oración es algo que nos atrae y al mismo tiempo nos cuesta. Hay en nosotros una secreta inclinación hacia ella, que hace que nos sintamos bien cuando hablamos sobre el tema y experimentamos la necesidad de estar con Dios. Pero al mismo tiempo sentimos una repugnancia natural al esfuerzo que nos impone, a la aridez de una actividad que se desarrolla a un nivel puramente espiritual, que no siempre satisface nuestras necesidades más sensibles. Es la lucha de la oración que experimentaron los monjes desde antiguo y que también nosotros conocemos, por lo que es importante estar alerta.