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PROFESIÓN SOLEMNE DEL HNO. DIEGO ROMERA

(15 de agosto de 2018)

La vida es como una obra de arte que vamos haciendo poco a poco. A veces estamos más inspirados y otras menos. A veces las cosas nos salen a la primera, mientras que en otras ocasiones hemos de repetir o retocar lo que hemos hecho. En medio de todo está la providencia amorosa de Dios que nos sostiene y nos anima. Al final del recorrido es cuando podemos contemplar esa obra de arte en todo su esplendor. Un observador extraño sólo ve el final y se admira. Quien hizo la obra reconoce las vicisitudes por las que ha pasado y los arreglos ocultos que esconde. Pero lo importante es el resultado final y el amor y esfuerzo que se han puesto en su realización. Así es la vida de cada uno de nosotros.

La vida es el conjunto de respuestas que vamos dando y elecciones que vamos tomando. Continuamente la vida nos hace propuestas a las que podemos decir “sí” o “no”. Respuestas que irán marcando nuestro camino, que darán mayor o menor sentido a nuestra existencia, que nos harán más o menos felices en lo profundo del corazón. Por eso podemos decir que la vida de cada uno de nosotros es la historia de los “síes” y los “noes” que hemos ido dando.

Hoy celebramos la Asunción de la Virgen María, es decir, el final de una vida que comenzó con un arriesgado y confiado “sí” a Dios que le preguntó si deseaba colaborar con él en la obra de salvación siendo la madre de Jesús, la madre del Hijo de Dios, algo que le iba a complicar mucho la vida. Su sí disponible a que la obra de Dios se hiciera en ella marcó su vida y la nuestra. Nada entendía ni nadie la podía entender: ¿cómo una virgen podía concebir al Hijo de Dios? Era más fácil pensar que hubiera gato encerrado. Tampoco hoy se acepta fácilmente por no poder pasar por el filtro de la razón ni del laboratorio. Pero a pesar de todo ella supo mantenerse fiel al sí dado, poniendo toda su confianza en Dios que se había fijado en ella. Ese sí primero, sí perseverante y confiado, encontró al final la recompensa del sí de Dios en la fiesta que hoy celebramos. Su asunción a la casa del Padre en cuerpo y alma es el sí definitivo de Dios sobre ella.

En este día, el Hno. Diego va a hacer su profesión solemne en la vida monástica, en esta comunidad de Sta. Mª de Huerta. Un nuevo sí de Diego en su vida de fe. Un sí en la vida consagrada comenzado hace tiempo que ahora se ve reflejado en la vida monástica. Un sí que deberá ser confirmado una y otra vez, día a día, en la vida comunitaria y en su propio proceso espiritual.

Querido Hno. Diego. Bien sabes tú de todo esto de lo que estoy hablando. De esa llamada, de esas continuas elecciones y respuestas en formas de síes y de noes. Pero, sobre todo, de esa misericordia de Dios siempre presente, que te sostiene, que te anima y que te prepara el camino. Nuestro primer sí a Dios ha sido precedido de un sí confiado de Dios para con nosotros. ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?, decimos con el salmista. Dios tiene la manía de fijarse en lo pobre y lo débil. María era una mujer sin glamour en un pequeño pueblo de Israel. Los apóstoles eran unos pobres pescadores sin letras. San Pablo se veía como una vasija de barro escogida por Dios para portar su tesoro. Todo esto refleja claramente la predilección de Jesús que llamaba bienaventurados a los pobres, a los que sufren, a los ignorados y perseguidos. Este es el camino que Dios quiere para los que llama. Pero somos tentados, buscamos seguridad, reconocimiento, poder, ser alabados y tenidos en cuenta, y necesitamos ser despojados una y otra vez para volver al amor primero una vez experimentada la esclavitud del pecado.

Hay momentos clave en los que experimentamos de forma especial en nuestras vidas la presencia de Dios que nos interpela. ¿Recuerdas aquel 1986 o aquel enero de 2011? Hay fechas más señaladas que otras, pero lo que realmente es importante es la decisión del corazón, la perseverancia confiada, la entrega diaria.

La vida monástica no es glamurosa, bien lo sabes. Tampoco destaca por sus grandes obras, ni su presencia en las redes, ni busca ser un influencer. La vida monástica sólo pretende vivir desde Dios, para Dios, en Dios. Si la gente no ve en ti un hombre de Dios, es que algo no va bien. Pues a Dios no se le ve en lo que hacemos, sino en cómo hacemos lo que hacemos, en el amor que ponemos en lo que hacemos, tenga la importancia que tenga.

Además de los votos comunes a todos los religiosos de pobreza, castidad y obediencia, tú harás los votos monásticos de estabilidad y promesa de vivir como monje. Es decir, que aceptas comprometerte con una comunidad y asumir la vida de oración y simplicidad humilde del monje. A partir de hoy te comprometes con una comunidad siendo responsable de su unidad y su progreso, pues el monje cenobita no es una isla encerrado en sí mismo. Pero tu vida espiritual debe rebasar los límites de la comunidad y abrirse a toda la humanidad, a la que tenemos presente en nuestra oración en el corazón de Dios.

Entre todos tendrán un lugar muy importante tu familia, que ahora ya es también la nuestra. En especial los más allegados, tu madre, tus hermanos y tantos otros aquí presentes. Incluso tu padre, ya fallecido, que está en medio de nosotros de otra manera.

Que María, patrona de nuestra Orden, te acompañe y fortalezca siempre en tu caminar monástico y en tu respuesta generosa con un sí confiado que responda siempre al sí de Dios para contigo.